Malvina, que entonces tenía 5 años, tardó años en captar el doble significado. El crimen lo cometió su héroe: su padre, un trabajador portugués naturalizado en la fábrica local. De la noche a la mañana, “papá” fue a prisión, mamá lloró y los hermanos se separaron. Con el paso de los años, la verdad revela lo impensable. “Mi proxeneta es un depredador”, dice hoy esta cuidadora de 39 años y madre de seis hijos. La parte más difícil fue la destrucción total de mi sensación de seguridad. »