Abandonan Milán para ahorrar en el alquiler, pero kilómetro tras kilómetro, mes tras mes, se tragan gran parte de la ventaja económica que creían haber adquirido. Los desplazamientos se han convertido en una especie de impuesto oculto. Uno de esos gastos que no aparecen en la factura, sino que en realidad son partidas presupuestarias que simplemente trasladan costes de una casilla a otra. De la columna de “alquiler” a la columna de “peajes” o “billetes de tren y metro”.
El análisis realizado por Cna Milano, la asociación que representa a los artesanos y a las pequeñas empresas, fotografía una de las muchas contradicciones de la metrópoli: la ciudad que atrae con sus oportunidades, su trabajo, su dinamismo internacional y que luego se extiende cada vez más, mucho más allá de las fronteras municipales. De ahí la demanda: son necesarias políticas integradas entre vivienda y movilidad.
Las cifras indican que una familia que decide marcharse de Milán ahorra una media de unos 5.400 euros al año en alquiler. Este no es un cambio pequeño. Pero quedan en el papel. En la práctica, casi la mitad, o más de 2.300 euros, se absorben en costes de combustible, mantenimiento del coche, neumáticos, aparcamiento y otros costes relacionados con la movilidad. El viaje diario imprescindible para llegar a Milán. De los más de cinco mil euros, lo que realmente queda en el bolsillo se reduce a unos tres mil euros. En términos porcentuales, el 43% de los ahorros en alquiler se pierden en circunvalaciones, autopistas y líneas ferroviarias para llegar a ese trabajo donde uno puede ganar el salario que le permite pagar una casa fuera de la ciudad.
El problema no afecta sólo a las familias, sino que también afecta a la competitividad de las empresas artesanales, que cada día deben soportar costes cada vez mayores para llegar a los clientes, las obras y los proveedores. Para los instaladores, ingenieros de fábrica, trabajadores de mantenimiento, electricistas y trabajadores de puertas y ventanas, de hecho, la movilidad no es una opción, sino una herramienta de producción.
“Cuando la casa y el trabajo se alejan, los costes aumentan para todos – comenta Matteo Reale, presidente de la CNA Milán – Las familias ven disminuir su renta disponible, mientras que las empresas tienen que soportar gastos cada vez mayores para garantizar servicios, asistencia e intervenciones en la zona. Es una dinámica que corre el riesgo de debilitar la competitividad del área metropolitana y hacer que Milán sea cada vez menos accesible para quienes la hacen funcionar a diario”.
Según el análisis de la CNA, un fabricante de puertas y ventanas recorre una media de 20.000 kilómetros al año, lo que supone unos costes de más de 4.500 euros por vehículo. Un electricista gasta unos 5.600 euros al año, mientras que los técnicos de calefacción y los operarios de mantenimiento, con unos 30.000 kilómetros recorridos, afrontan costes de hasta 6.700 euros. Para los instaladores de sistemas, ocupados diariamente con inspecciones, obras y asistencia técnica, el kilometraje puede alcanzar los 35.000 kilómetros al año, con un coste de casi 8.000 euros por cada vehículo en funcionamiento.
“Para una empresa artesanal, la furgoneta es un laboratorio ambulante – afirma Reale – Cada aumento del coste de la movilidad reduce los márgenes, limita las inversiones y afecta a la competitividad. Por esta razón, las políticas de vivienda, de transporte y de empresa no pueden abordarse por separado.
Milán y su área metropolitana necesitan una estrategia que promueva la accesibilidad, fortalezca el transporte público, lo haga más extendido y fiable en términos de seguridad y puntualidad, y haga que vivir y trabajar en la región sea más sostenible.