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Barcelona ya está lejos y París es todavía una idea vaga. Como el resto del grupo, Paul Seixas navega en un océano de calor, lleno de la espuma del cansancio acumulado. En cuanto al resto de grandes nombres, el momento de hacer balance llegará más adelante. Un Tour de Francia dura tres semanas. Pero para él, porque tiene 19 años, porque está iniciando una Gran Vuelta y sobre todo porque es Paul Seixas, la primera semana es un momento de transición que importa.

De momento los resultados de los jóvenes lioneses son alentadores. Todo sigue siendo posible. No la victoria, obviamente. Ya está reservado, salvo accidentes, a un fenómeno esloveno del que nadie puede preocuparse. Pero hay cosas importantes a las que prestar atención cuando se vive en el resto del mundo. Ese que no se llama ni Tadej ni Pogacar.

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