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Incluso en política, el duelo implica diferentes fases. Para renunciar a su emblemática reforma de las pensiones, Emmanuel Macron pasó por todas las etapas. El shock, en primer lugar, cuando comprendió, el 10 de octubre en el Elíseo, que la congelación de la medida de edad que había propuesto a las fuerzas políticas (excluidos RN y LFI) no sería suficiente. Luego el desmentido, once días después, cuando el presidente aseguró, contrariamente a su primer ministro, que la propuesta del Gobierno no era “ni una derogación ni una suspensión”.

¿Y ahora, cuando la Asamblea Nacional se prepara para votar sobre la suspensión de esta reforma? “Está resignado, aún no aceptado. Porque nunca digerirá esta decisión”, evalúa un fiel interlocutor.

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