El hidrógeno es el elemento más abundante en el universo y ya desempeña un papel importante en muchos sectores industriales. Utilizado en la producción de fertilizantes y en algunos procesos alimentarios destinados a prolongar la vida útil de los productos, tiene una cierta ventaja: cuando se quema no produce gases de efecto invernadero, lo que lo convierte en una fuente de energía potencialmente “limpia” y particularmente atractiva.
Sin embargo, esta observación optimista debe matizarse. La mayor parte del hidrógeno producido hoy todavía proviene de combustibles fósiles, en particular gas natural, un modo de producción que está lejos de ser climáticamente neutro y que genera alrededor de mil millones de toneladas de dióxido de carbono por sólo 107 millones de toneladas de hidrógeno. Existen alternativas, como el hidrógeno “verde” procedente de energías renovables, pero su coste sigue siendo elevado, resume un artículo de la revista Smithsonian.
En este contexto, una nueva vía está despertando un interés creciente: el hidrógeno natural, también llamado “hidrógeno blanco”. Este gas se produce espontáneamente en la corteza terrestre mediante reacciones químicas naturales. Un estudio reciente realizado en Canadá sugiere que este recurso puede ser mucho más accesible y abundante de lo que se pensaba anteriormente.
Los investigadores se basaron en más de una década de datos recopilados de la mina Kidd Creek en Ontario, una de las minas más profundas y antiguas de América del Norte. Los resultados indican que este sitio libera suficiente hidrógeno para alimentar a más de 400 hogares cada año. Este descubrimiento allana el camino para una explotación energética local y potencialmente rentable.
De manera más general, los científicos estiman que más del 70% de la corteza continental podría producir hidrógeno. Las minas, ya presentes y operativas, podrían convertirse así en puntos de acceso privilegiados a este recurso. Según los autores del estudio, se trata de una oportunidad aún poco aprovechada para producir energía doméstica a costes más bajos.
Los primeros datos empíricos
Dos mecanismos principales explican la formación de este hidrógeno natural. El primero ocurre cuando el agua reacciona con rocas ricas en hierro o magnesio, liberando hidrógeno. El segundo está vinculado a la desintegración de elementos radiactivos, que escinde las moléculas de agua: procesos que se llevan a cabo desde hace millones de años en las profundidades de la tierra.
Para obtener datos concretos, los investigadores analizaron el agua subterránea de 35 pozos ubicados entre 2 y 3 kilómetros bajo la superficie. Midieron la cantidad de hidrógeno disuelto en esta agua y encontraron una producción media significativa. Al extrapolar estos resultados a los aproximadamente 15.000 pozos del sitio, estiman que la mina podría liberar más de 150 millones de toneladas de hidrógeno por año.
Esta estimación se basa en datos empíricos raros y valiosos. Hasta ahora, la mayoría de las evaluaciones del hidrógeno natural se han basado en modelos teóricos. Disponer de mediciones durante un período tan largo constituye un importante paso adelante para comprender mejor el potencial real de este recurso.
El contexto geológico juega un papel clave en la presencia o ausencia de este hidrógeno. La mina Kidd Creek está ubicada en el Escudo Canadiense, una antigua formación rocosa rica en metales, condiciones que favorecen la producción de hidrógeno. Esta proximidad entre los recursos minerales y la producción de energía podría limitar la necesidad de transporte, almacenamiento e infraestructura pesada.
Hoy en día, la explotación del hidrógeno natural sigue siendo marginal. Sólo un sitio, en Malí, produce activamente este gas (descubierto por casualidad en la década de 1980) y proporciona energía a una aldea local. Pero con el creciente interés de los fabricantes y las empresas emergentes en este recurso, el hidrógeno blanco pronto podría convertirse en un nuevo actor importante en la transición energética.