Berna, 13 de noviembre (askanews) – Los ganadores del Premio Balzan 2025 hablan en Berna. Cuatro investigadores de mundos lejanos que, por ello, logran arrojar luz sobre un mismo punto: cómo se construye el conocimiento en una era cambiante. Las nominaciones para el premio provienen de destacados académicos de todo el mundo, personas que realmente han marcado una diferencia en su campo de estudio.
Marta Cartabia, presidenta del Comité del Premio General Balzán: “En este foro no sólo se exponen a un público no experto los resultados de las investigaciones de estos grandes estudiosos, sino que también emerge su método y su camino de vida. Muchas veces, detrás de resultados científicos y académicos tan relevantes, hay vidas muy interesantes y este es, en mi opinión, un aspecto a tener en cuenta”.
Los debates los abrió Carl June, un científico que transformó el sistema inmunológico en terapia. Las células reprogramadas se convierten en una especie de “droga viva”: buscan el tumor, lo reconocen y lo eliminan. June lo dice simplemente: esta revolución nació del trabajo colectivo y fue posible gracias a la valentía de los pacientes que aceptaron intentarlo cuando nada estaba garantizado.
Christophe Salomon, físico francés. Su tema es el tiempo: lo mide con una precisión difícil de imaginar. En setenta años, los relojes atómicos han reducido el error a un segundo cada 13.700 millones de años: el equivalente a la edad del universo. Esto parece una curiosidad técnica, pero es un detalle que impregna nuestra vida: GPS, redes bancarias, Internet. Y en Berna, ciudad donde Einstein desarrolló la teoría de la relatividad, Salomon nos recuerda que el tiempo no es igual para todos. Esto cambia en la Tierra, en órbita, dependiendo de la gravedad.
El panel vuelve a cambiar de tono con Rosalind Krauss, de la Universidad de Columbia, figura de referencia en la historia del arte contemporáneo, que ofrece un viaje de lectura: del modernismo a las retículas de Mondrian, de Barthes a Proust e introduce la imagen de los “mandalas”: nudos de significado que se repiten en textos como constelaciones. El estructuralismo, dice, es un método que cruza idiomas y culturas, para mostrar lo que hay debajo de la superficie de las historias.
El último discurso lleva el debate al nivel político. Josiah Ober estudia la democracia ateniense para comprender la nuestra. La pregunta es simple e impactante: ¿cómo pudo Atenas seguir siendo una democracia funcional rodeada de poderes autoritarios? La respuesta está en la calidad de la participación, en la responsabilidad de los involucrados, en la circulación del conocimiento. La retórica no era una manipulación, sino un duro espacio público, donde los malos discursos podían resultar costosos. Ober conecta esta historia con los problemas actuales: la resiliencia democrática, la reconstrucción después de las crisis, el desafío de la inteligencia artificial.
María Cristina Messa, presidenta de la Fundación Balzan “Prix”: “Lo que más me llamó la atención hoy fue su personalidad, su capacidad para ser comprensibles y simplificar conceptos particularmente complejos, su amor por la investigación y su deseo de poner sus descubrimientos al servicio del bien común”. “Hoy hemos hablado, por ejemplo, de la inteligencia artificial, de cuánto cambiará la ciencia, de cuánto será un acelerador, pero esto concierne a todos, tanto al físico como al médico, al humanista y al historiador”.
Cuatro lecciones, cuatro lenguajes, una dirección: el punto de contacto entre células, relojes atómicos, textos y democracia es siempre el mismo. Precisión. Lo cual, en el Foro Balzán, se convierte también en una forma de responsabilidad.