Puedes ganar incluso simplemente contando las victorias de otras personas, incluso mejor si el héroe del día triunfó por primera vez, tal vez rompiendo todas las predicciones. Franco Espósito Fue campeón del mundo en este deporte, terminó ayer su carrera a los 85 años con un récord extraordinario: siempre ganó. Invicto, como sólo los grandes pueden hacerlo a veces. La primera imagen evoca el boxeo y sus santuarios llenos de encanto y moho, en estos amplios salones, donde una fortísima mezcla de sudor y alcohol alcanforado llenaba las fosas nasales al punto del vértigo, Franco entrenaba su talento. Aprendió a reconocer a quienes realmente valían la pena, pero también a desenmascarar a quienes ocultaban inseguridad y miedo.
LA ESPONJA
Como una esponja, absorbió las mejores cualidades de todos, de boxeadores y maestros: Patrizio Oliva había empezado a contarlo cuando aún era un niño y lo acompañó al otro lado del mundo, estableciendo un entendimiento especial con Geppino Silvestri. No el único: a Brillantino le encantó el placer del desafío que le suponía un suburbio transformado en capital, gracias a Tacaño Y Clemente Ruso; tiene Rocco Agostino Había envidiado la capacidad de haber transformado a estudiantes diligentes en profesionales impecables. Una experiencia extendida a los grandes constructores de mitos americanos, donde el marketing siempre ha contado más que un gancho.
LAS MIL VIDAS
Para Franco Espósito una vida no hubiera sido suficiente, tal era su deseo de saber, de aprender, de comprobar. Vivió al menos tres. Antes de que el periodismo se lo llevara, Tullio Pironti (ex amigo del gimnasio) le confía la gestión de la librería. En el centro de la ciudad, frecuentado por estudiantes y profesores, era el lugar ideal para cruzar generaciones, captando acciones y reacciones ligadas a nuevas ideas: una formación perfecta para quienes desarrollaban su próximo negocio, el de contar e interpretar la vida cotidiana. Los entrenadores de esta formación eran grandes nombres de la literatura mundial. La mejor preparación para gestionar una actividad frenética; Il Mattino ofreció la oportunidad de realizar una gira mundial estimulante y rentable. Qué años esos años; La redacción dirigida por Riccardo Cassero estuvo presente en todas partes: Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales de todos los deportes, desafíos posibles e incluso imposibles contados por Pacileo, Acampora, Troise, Buonanno, Barbuto, Bagnati, Casciello y, el más frenético, Franco Esposito.
Murió Franco Esposito, decano de los periodistas napolitanos: era escritor de Il Mattino
Con Sergio Troise Siguieron negociaciones con Maradona, el traspaso más sensacional de la historia al Nápoles. Otra de sus especialidades, su informes del mercado de fichajesferia de lo imposible, esta generación la elevó al rango de género, humanizando la representación de las negociaciones resultantes del teatro del absurdo. Aventuras para contar, y Franco, conocido como el del pelo largo en contraste con su calva, las encerró en una riquísima producción que comenzó cuando otros ya habrían empezado a tomar su primer descanso. Lo había negado incluso después del primer campeonato, un objetivo que parecía perseguido durante 61 años y que se concretó en 1987. Esos días parecieron no terminar nunca, el esfuerzo no pesó, nunca escuché a Franco Espósito (ni a nadie) quejarse de demasiado trabajo. Siempre ha sido así, incluso en el Corriere dello Sport, donde evolucionó en busca de nuevos estímulos. Un desapego, no una traición. Más que un ejemplo, una regla. Casi medio siglo después, cualquiera que haya caminado por estas salas lo recuerda todo. Incluso si Franco Esposito ya no estará aquí para contarlo.