Al final, Andrea Pucci, ha renunciado a ser uno de los coanfitriones de la próxima edición del festival de San Remo. Lo anunció él mismo con un comunicado en el que no oculta la polémica y la decepción de haber tenido que tomar esta decisión tras la polémica que se desató, incluso a nivel político, tras el anuncio de su presencia en el escenario del teatro Ariston.
Rai expresó “un gran pesar por la decisión de Andrea Pucci”, entendiendo el contexto en el que se tomó la elección de Pucci, Rai expresó “su preocupación por el clima de intolerancia y violencia verbal generado hacia un artista que hizo de la sátira y la comedia inconformista su forma de expresar la libertad de pensamiento”. Y esta “censura”, concluye Rai, que se expresa a través de “la propagación del odio y de los prejuicios debería preocupar a cualquiera que trabaje en el mundo del espectáculo”.
Federica Frangi, miembro del consejo de administración de Rai, también se pronunció a favor del comediante, subrayando que “las controversias contra Andrea Pucci fueron construidas y alimentadas de manera política e instrumental, del mismo modo que Rai es explotada con fines políticos”. De memoria, piensa Frangi, “es la primera vez en la historia del Festival de Música Italiana que un artista se retira debido a una campaña de odio” y más allá “del humor que nos guste o no, la sátira no es propiedad de nadie: o es siempre gratuita o ya no es sátira”.
Por ello expresó su deseo de que el actor vuelva sobre sus pasos y reconsidere, aunque dadas las circunstancias parece poco probable. La declaración de otro miembro de la junta directiva de la Rai, Roberto Natale, toma una posición opuesta y critica el silencio de la Rai sobre el comentario de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno: “Ayer hubo un silencio embarazoso; hoy cedimos voluntariamente a la injerencia del gobierno y de la mayoría. Esta Rai, atado al Palacio Chigi, desacredita cada día más el servicio público”.
El caso de Pucci representa ciertamente un ejemplo único en el panorama de San Remo desde que existe el evento, porque nunca se había ejercido una presión tan fuerte para que un artista renunciara a un contrato.
El riesgo es que la libertad del director artístico, como el animador, de elegir el público se comprima en detrimento de todo lo que es espectáculo, en nombre de una uniformidad de pensamiento que intentamos imponer desde hace tiempo. También en este caso, el público, juez supremo en materia de televisión, fue privado de la posibilidad de expresarse para promover o no una elección artística.