Entre 1970 y principios de la década de 2010, la Antártida representó una excepción en un contexto de calentamiento global. Mientras el Ártico se derretía rápidamente, el hielo alrededor del Polo Sur se expandía lentamente. Pero en 2016 la situación cambió. En pocos meses desaparecieron superficies de hielo equivalentes a muchas veces el tamaño de Francia. Los científicos han dado la alarma: la capa de hielo se está rompiendo desde el interior.
Para comprender esta aceleración, se han enviado exploradores a lugares a los que los humanos no pueden llegar. Los flotadores Argo –robots de tamaño humano capaces de sumergirse a una profundidad de casi 6.000 metros– han revelado un curioso mecanismo. En la Antártida, el océano funciona al revés: el agua de la superficie es más fría, mientras que en las profundidades acecha una masa de agua cálida y salada. Hasta ahora, una capa de agua dulce procedente de la lluvia y el hielo derretido mantenía el calor en el fondo, actuando como tapa. Pero en los últimos años el equilibrio se ha roto.
Un estudio difundido por Live Science atribuye estos cambios al viento. Bajo el efecto del cambio climático, las corrientes atmosféricas han aumentado en intensidad y cambiado su trayectoria. Resultado: levantaron la famosa tapa de agua dulce, liberando el calor acumulado durante décadas. “Observamos una liberación muy violenta de este calor en profundidad”explica Earle Wilson, oceanógrafo de la Universidad de Stanford (California) y autor principal de esta investigación.
A medida que sube a la superficie, el calor impide que el hielo se vuelva a formar en invierno y corroe las zonas congeladas en verano. Problema: si el témpano de hielo desaparece, todo el edificio se tambaleará. Porque estas capas de hielo flotantes sirven como contrafuertes para glaciares gigantes. Sin ellos, las capas de hielo de la Antártida podrían deslizarse hacia el agua, amenazando con elevar el nivel del océano decenas de metros a largo plazo.
Un punto de inflexión
La pregunta que ahora atormenta a los expertos es si hemos llegado a un punto sin retorno. ¿Aún puede estabilizarse el hielo marino? El climatólogo Zachary Labe, que trabaja en la organización científica Climate Central, pide movilización. “En general, necesitamos un mayor apoyo internacional para continuar construyendo redes de observación en toda la región polar antártica.»él ruega. Según él, cada título obtenido en aguas profundas es importante para el futuro de las costas oceánicas.
Lo que está pasando en la Antártida no es sólo una cuestión de pingüinos o paisajes lejanos. El termostato de nuestro planeta está funcionando mal. El mar de hielo actúa como un espejo (albedo en la jerga científica) que refleja los rayos del sol de regreso al espacio. Al desaparecer, daría paso a un agua más oscura que absorbería más calor.
Incluso si las condiciones climáticas se estabilizan, el daño parece ya estar hecho. Earle Wilson no oculta su pesimismo: “La tendencia a largo plazo será negativa. Ésta es mi hipótesis, aunque todavía no estamos seguros.» La Antártida podría convertirse en el escenario de una transformación radical de nuestro medio ambiente, ahora medido por robots.