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NoNo hablamos en nombre de un campo, ni de un interés particular, sino a partir de nuestras vidas, nuestras familias y nuestros compromisos en este país que hemos elegido. No hablamos para convencer, ni para oponernos, sino por una profunda necesidad de expresar esta voz, nuestra opinión, que existe, y darle el peso que merece en el debate. Deseamos aportar una voz matizada, alejada de actitudes binarias, capaz de aunar complejidad, responsabilidad y apego a este país.

Entendemos y aceptamos que no tenemos derecho a votar en secuencias relacionadas con el futuro institucional de Nueva Caledonia y, por tanto, con las próximas elecciones provinciales. (votación que debería celebrarse a finales de junio después de tres aplazamientos). Esta elección no es ni una resignación ni una renuncia, sino una postura consciente.

Sabemos que la historia de esta tierra es de colonización, de expropiación, de luchas, de fracturas profundas. Una historia marcada por la violencia, pero también por inmensos esfuerzos por escapar de ella. Reconocemos la evolución reciente de esta historia, y los esfuerzos realizados en los últimos años en la búsqueda de un desarrollo armonioso, reequilibrio, reconocimiento y dignidad. Conocemos los resultados, que cada uno juzga de forma diferente según su perspectiva y análisis.

La congelación de votantes no es una anomalía democrática que surgió de la nada. Es el resultado de un frágil compromiso político, diseñado para responder a una situación histórica única. Se trata de un instrumento regulador, sin duda imperfecto, pero esencial para mantener el equilibrio. Decir esto no significa negar los principios democráticos. Significa reconocer que la democracia aquí no puede ser abstracta. Debe localizarse, encarnarse, adaptarse a una trayectoria específica. Sitúa a cada ciudadano en un lugar diferente, respetuoso de su historia. No somos descendientes de canacos ni descendientes de las víctimas de la historia reconocidas en Nainville-les-Roches. (Essonne, en la declaración conjunta del 12 de julio de 1983). Nuestro presente está aquí, al igual que nuestro futuro, aunque nuestras raíces estén en otra parte.

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