Si la oposición intenta desplazar el centro de gravedad político hacia el ámbito de la legalidad, acusando al centroderecha de no hacer lo suficiente en materia de orden público, el ministro del Interior, Matteo Piantedosi, opta por responder con cifras. Datos que contradicen la historia de un país cada vez más inseguro.
En su intervención en la 42ª asamblea nacional de la ANCI, el jefe del Ministerio del Interior retrata una tendencia y reivindica el trabajo realizado, subrayando que “en comparación con hace diez años, registramos una caída global de los delitos del 11%”. Y, mirando el último ciclo anual, añade que “durante los primeros ocho meses de 2025 se produjo una nueva caída del 8% en comparación con el mismo período de 2024”.
La ministra subraya el valor de estas cifras, definiéndolas como “la demostración de que la seguridad no es un lema sino un compromiso diario”. Piantedosi explica que el trabajo de los últimos años se ha centrado en la presencia territorial de las fuerzas del orden, en la prevención y en una renovada coordinación con los alcaldes, insistiendo en que “la percepción de inseguridad muchas veces crece más que los propios delitos” y que por ello “es necesaria una asunción colectiva de responsabilidad institucional y política”.
De ahí la elección de presentar los datos como una barrera al relato de un supuesto colapso de la seguridad urbana: “No podemos permitir que el debate público quede condicionado por lecturas alarmistas”, subraya.
Una aclaración que llega en medio de un enfrentamiento político cada vez más tenso. De hecho, desde hace semanas, la cuestión de la seguridad se ha convertido en un campo de batalla privilegiado para la oposición. Un frente heterogéneo, que abarca desde reformistas hasta Cinqestelle, incluidos numerosos administradores locales del Partido Demócrata, teme que el partido no sea lo suficientemente incisivo en un tema que una vez más se ha vuelto central en la agenda pública.
“La izquierda no debe dejar la cuestión de la seguridad en manos de la derecha”, escribió el eurodiputado Stefano Bonaccini, atacando al ejecutivo por “ciudades menos seguras” y por los recursos retirados a los municipios en términos de política de integración. Críticas a las que se suma el cambio de tono de Giuseppe Conte, decidido a dirigirse a un electorado más amplio: el líder del M5S señala con el dedo “los robos, los ataques y la falta de personal”, pidiendo que se introduzcan persecuciones automáticas por delitos como los ataques y que se desvíen “los mil millones desperdiciados por Albania hacia un fondo para la seguridad de los municipios”.
La mecha la encendió la alcaldesa de Génova, Silvia Salis, que acusó al gobierno Meloni de no haber asignado fondos suficientes a la policía, recordando las 12.000 unidades perdidas por la policía local en trece años. El Primer Ministro respondió ilustrando en un extenso post las medidas adoptadas por el ejecutivo “para remediar décadas de laxitud”.
Es en este contexto que Piantedosi elige la línea de contraataque.
Y de cara a la próxima ley presupuestaria, anuncia un aumento del fondo de seguridad urbana, nuevas líneas de intervención para una gestión más específica de las zonas de ocio nocturno, la prueba del Taser para la policía local, la reurbanización de las zonas deterioradas y la identificación de propiedades para albergar a las personas vulnerables implicadas en los desalojos, reiterando que la seguridad sigue siendo una prioridad para el gobierno. “Estas son cuestiones que no pueden ignorar la contribución fundamental de las administraciones municipales”.