Cuerpos desmembrados, chorreantes de sangre, abarrotan cada día las aceras de avenidas y callejones: Palermo, a principios de los años 1980, era una ciudad en guerra. Se promete la muerte a cualquiera que se interponga en el camino de las ambiciones mafiosas del clan Corleonesi. Este horizonte siniestro es el que el Ministro de Justicia, Gérald Darmanin, espera para Francia durante el programa “C à Vous” de France 5 el 21 de noviembre. “Podemos convertirnos en el Palermo de los 80 si no despertamos”dijo, cuando se le preguntó sobre la influencia de los narcotraficantes.
Una declaración simbólica de la reciente banalización de las referencias a las mafias italianas para definir las organizaciones criminales francesas en el debate público. En pocos meses, la palabra “mafia”, tabú desde hace mucho tiempo, se ha convertido en un lugar común, portador de una poderosa fantasía, que corre el riesgo de ser caricaturizada.
La definición italiana moderna de mafia se encuentra en la ley italiana Rognoni-La Torre, aprobada el 13 de septiembre de 1982, e incorporada al artículo 416 bis del código penal italiano. Menciona como tales a las organizaciones criminales que logran, en particular, establecerse en el territorio “vínculo asociativo” lo suficientemente fuerte como para crear el“envío” y el“omertá”. Este texto es inseparable del contexto siciliano de la época, pero también de la suerte de su principal instigador: Pio La Torre, diputado comunista de Palermo, asesinado, con su chófer, en esta ciudad el 30 de abril de 1982, cuando se dirigía a la sede del partido.
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