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En las frías aguas del Mar del Norte, algunos países europeos están intentando sembrar las semillas de una revolución eólica sin precedentes. Al firmar la Declaración de Hamburgo, diez países de la UE pretenden invertir un billón de euros para construir una red de distribución que podría hacer de la energía eólica un medio de soberanía energética para el Viejo Continente. Una perspectiva que no agrada en absoluto a los Estados Unidos que, gracias a la guerra en Ucrania, han conseguido imponer a Europa la dependencia de su propio GNL, mucho más caro que el ruso y mucho menos sostenible…

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