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En la oscuridad, poco después de las seis de la mañana hora local (7 de la mañana, hora de París), el domingo 10 de mayo, el MV Hondio apareció frente al puerto industrial de Granadilla en el sur de Tenerife en las Islas Canarias. Tras una travesía de tres días desde Cabo Verde, el crucero afectado por un brote de hantavirus que provocó tres muertes sobre ocho casos confirmados o sospechosos finalmente ha llegado a su destino. El principio del fin de la pesadilla. A lo largo del día, sus pasajeros desembarcaron gradualmente antes de ser trasladados en avión a sus respectivos países.

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La operación, cualificada “de alcance internacional” por las autoridades españolas, fue pilotado desde Granadilla por tres ministros –de Sanidad, Mónica García Gómez, del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de Política Territorial, Ángel Víctor Torres Pérez–, bajo la supervisión del director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, que se había desplazado a la isla. Se movilizaron unos 335 guardias civiles, responsables de toda la zona portuaria, y una treintena de policías. Las autoridades tuvieron que coordinar la evacuación de ciudadanos de 23 países diferentes.

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