En el día del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, los tonos de reconciliación y unidad, propios del 4 de julio, acaban en el desván del relato de Donald Trump, ya en modo electoral para las elecciones de noviembre. El magnate, en el emblemático Monte Rushmore de Dakota del Sur, instó a los estadounidenses a proteger las libertades imaginadas hace 250 años por los padres fundadores de la “mayor República” jamás creada, defendiéndolos de lo que calificó de amenaza “comunista” planteada por los demócratas progresistas y los “recién llegados a nuestro país” que, atacando “nuestra identidad”, deberían ser expulsados.
“Estados Unidos es una nación de ganadores y hoy nuestro país vuelve a ganar”, reiteró desde el escenario del National Mall. “No queremos comunistas, no los necesitamos y
“Estados Unidos nunca se convertirá en un país comunista”, subrayó, recordando que “somos un solo pueblo, una familia con una sola bandera y que ‘los derechos consagrados en nuestra Constitución se extienden a los ciudadanos de todas las razas, religiones, colores y creencias’.