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Ormuz. El resultado del conflicto en torno a esta franja de mar marcará la diferencia para la industria italiana. Si las tensiones se resolvieran rápidamente – estiman los analistas de Intesa Sanpaolo y Prometeia – en 2026 podría producirse una “desaceleración” de nuestra producción. O por el contrario, una caída de ingresos del 1,8% y una desaceleración también en 2027, si el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán y el consiguiente bloqueo del Estrecho de Ormuz se prolongara durante todo el año, generando efectos secundarios sobre la demanda global.

El escenario base, en la nueva edición del informe-análisis sobre los sectores productivos, es actualmente el más optimista, que prevé un año 2026 para la industria manufacturera italiana con una facturación estable a precios constantes (+0,2%) y un crecimiento moderado a precios corrientes (+3,8%), con una facturación total de 1.168 millones. Estimaciones que incluyen el supuesto de una duración limitada del conflicto en Oriente Medio y una mejora del contexto operativo en la segunda parte del año. Sin embargo, no se trata de una recuperación, sino más bien de una normalización gradual del comercio mundial, dados los importantes daños sufridos por determinadas infraestructuras energéticas. El crecimiento más sostenido es el de los valores corrientes, en el que los ingresos nominales reflejan nuevas presiones inflacionarias provocadas por el aumento de los costos de la energía, los insumos químicos y los principales bienes intermedios. El crecimiento esperado, que se beneficiará de una contribución mínima de las exportaciones (que se estima en un +0,1% a valores constantes) y para el cual, por el contrario, la contribución de la demanda interna será decisiva. Vinculado a las infraestructuras, con el anclaje definitivo del Pnrr, así como a los bienes de equipo, apoyados en el futuro por el nuevo paquete de incentivos fiscales. El consumo, sin embargo, será menos dinámico según las estimaciones de los analistas y, en un contexto de incertidumbre y de nuevas presiones sobre los ingresos, se verá afectado por la reducción de los gastos más comprimibles. En cualquier caso, la capacidad de la industria manufacturera italiana para seguir exportando será decisiva. El crecimiento de la propensión exportadora de la industria italiana, que alcanzará el 56% en 2030, conducirá a una ampliación de la balanza comercial hacia 125 mil millones (21 más que antes del Covid), a pesar de un contexto de demanda global más débil que en el pasado y de un aumento sostenido de las importaciones, favorecido por la competencia de precios, particularmente de China. Para frenar la competencia global – explica el informe – será necesario recurrir más a la palanca de las inversiones destinadas a reforzar los procesos de digitalización y sostenibilidad de la oferta. Con inversiones posibles para las empresas gracias a una estructura de capital que, sin embargo, está reforzada en comparación con el pasado. Además, la autonomía energética se ha convertido ahora en una prioridad estratégica, gracias a intervenciones destinadas a hacer más eficientes los procesos productivos y a desarrollar soluciones de autoproducción y gestión energética. “El momento es complicado e incierto – explica Gregorio De Felice, economista jefe de Intesa Sanpaolo – pero la actual crisis energética presenta características diferentes a las de 2022: hay efectos significativos sobre los precios pero por el momento sin perturbaciones profundas en las cadenas de valor globales”.

Sin embargo, el escenario básico propuesto por los analistas va acompañado de un escenario más oscuro, con el cierre prolongado del Estrecho de Ormuz más allá de mediados de 2026. En esta hipótesis, el deterioro de la demanda mundial y nacional llevaría a la industria manufacturera italiana a registrar una contracción de la facturación a precios constantes durante el bienio 2026-27 (-1,5% de media anual). Tensiones que se traducirían también en una importante penalización de los márgenes unitarios, estimados en el 7,4% en 2027 frente al 9,7% del escenario base, estimados en sólo medio punto menos que el año pasado.

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