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En 2024, la industria europea consumió 8.835 petajulios de energía, un 8,1% menos que en 2014. Esta disminución continua desde 1990 refleja un desacoplamiento exitoso entre la producción y el consumo de energía. Pero una excepción debilita esta evaluación: el sector agroalimentario aumentó su consumo un 4,7% en el mismo período, lo que revela los límites de la transición en un sector dependiente del gas y con poca electrificación.

Eurostat acaba de publicar los datos definitivos sobre el consumo de energía industrial para 2024. El sector industrial utilizó 8.835 petajulios de energía en 2024 (2.454 mil millones de kilovatios hora), un 8,1% menos que en 2014. Esta disminución confirma una tendencia observada desde 1990. Marca un desacoplamiento progresivo entre la actividad industrial y el hambre energética.

Un descenso del 8% en diez años impulsado por la eficiencia energética

La electricidad y el gas natural dominan la combinación energética industrial europea. En 2024, la electricidad representa 2.945 petajulios, equivalente al 33,3% del consumo total, mientras que el gas pesa 2.817 petajulios (31,9%). En tercer lugar se sitúan las energías renovables y los biocombustibles con 999 petajulios (11,3%), superando ahora al petróleo y sus derivados (922 petajulios, 10,4%). Esta renovación del ramo refleja inversiones masivas en eficiencia energética. También muestra una creciente electrificación de los procesos industriales.

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La caída general del 8,1% desde 2014 puede explicarse por varios factores estructurales. El consumo bruto de energía en la industria francesa cayó un 2% en 2024, tras una caída del 5% en 2023, lo que ilustra una tendencia europea. Las empresas han modernizado sus equipos y optimizado sus líneas de producción. También cuentan con sistemas integrados de recuperación de calor residual. Esta transformación ha permitido mantener, o incluso aumentar, los volúmenes de producción reduciendo la factura energética.

El carbón colapsa, las energías renovables avanzan

La disminución de los combustibles fósiles sólidos marca un punto de inflexión en la descarbonización industrial. Entre 2014 y 2024, el consumo de carbón disminuyó un 34,8%, de 742 a 484 petajulios. Al mismo tiempo, las energías renovables y los biocombustibles aumentaron un 24,3%, de 804 a 999 petajulios. Este cambio refleja las limitaciones regulatorias europeas, en particular el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS). Esto último aumenta el costo del carbono para los productores.

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El uso de residuos no renovables como fuente de energía también ha aumentado un 32,1% en diez años. Francia se ha comprometido con sus socios europeos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55% para 2030, un objetivo que acelera la transición hacia la energía basada en el carbono en la industria pesada. El consumo de calor comercial disminuyó un 23,7%, una señal de una mayor autosuficiencia energética de las instalaciones industriales.

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Agroalimentación en contra de la tendencia: consumo +4,7%.

Mientras la industria mundial está reduciendo su consumo, la industria alimentaria sigue una trayectoria opuesta. En 2024, el sector de alimentos, bebidas y tabaco consumió 1.134 petajulios, o el 12,8% del consumo industrial total. Dicho consumo aumentó un 4,7% respecto a 2014, rompiendo con la tendencia general hacia la sobriedad energética.

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El gas natural domina en gran medida la combinación energética de la industria. Representa 525 petajulios, equivalente al 46,3% del consumo agroalimentario total, por delante de la electricidad (401 petajulios, 35,3%). Las energías renovables y los biocombustibles pesan sólo 68 petajulios (6%), aunque su uso ha aumentado un 68,4% desde 2014. Esta dependencia del gas expone al sector a las fluctuaciones de precios. Estos costos han demostrado ser particularmente volátiles después de la crisis energética de 2022.

Por qué este sector resiste el declive

Los procesos de transformación agroalimentaria explican este consumo creciente. La cocción, la pasteurización, el secado y la refrigeración representan las principales fuentes de energía. Estas operaciones requieren calor a baja y media temperatura, entre 60°C y 200°C. Este umbral es difícil de electrificar a costes competitivos con las tecnologías actuales. Los ingenios azucareros, las lecherías y las plantas procesadoras de cereales tienen las más altas exigencias.

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El aumento de la producción europea de alimentos también ha pesado sobre el consumo. Entre 2014 y 2024, los volúmenes procesados ​​aumentaron en varios sectores (lácteos, platos preparados, bebidas), lo que resultó en un aumento mecánico de las necesidades energéticas. Se han logrado enormes avances en los campos de la metalurgia y la química mediante la automatización y la optimización. Por el contrario, la industria agroalimentaria sigue dependiendo de ciclos de procesamiento largos y que consumen mucha energía.

Qué cambios para la factura energética y la competitividad

La dependencia del gas debilita la competitividad del sector. La factura energética de la industria francesa se duplicó entre 2019 y 2022, antes de estabilizarse en 2023-2024. Para la industria agroalimentaria, el gas representa casi la mitad de los costes energéticos, una exposición que pesa sobre los márgenes en un contexto de mayor competencia internacional.

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Los productores europeos se enfrentan a competidores no pertenecientes a la UE que están menos limitados por las normas climáticas. Las importaciones de alimentos procesados ​​de países con menores costos energéticos o inexistentes restricciones de carbono ejercen presión sobre los precios de venta. Esta asimetría regulatoria alimenta el debate sobre el Mecanismo de Ajuste en Frontera de Carbono (CBAM). Este sistema aún no cubre el sector agroalimentario.

Palancas para revertir la tendencia

La progresiva electrificación de los procesos constituye la primera palanca para la descarbonización. Más de la mitad del consumo energético del sector agroalimentario se utiliza para producir calor a baja temperatura, un uso que técnicamente puede electrificarse mediante bombas de calor industriales. Varios actores europeos han puesto en marcha proyectos piloto. Sin embargo, la expansión sigue obstaculizada por el coste de las inversiones y el precio de la electricidad.

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La recuperación del calor residual representa una fuente inmediata de ahorro. Muchas instalaciones industriales agroalimentarias siguen rechazando el calor residual sin recuperarlo, mientras que los sistemas de recuperación podrían reducir el consumo de energía entre un 10 y un 15%. Los programas de apoyo público, como los fondos dedicados a la descarbonización industrial o el crédito fiscal para la industria verde, pretenden acelerar estas transformaciones. Más de 350.000 empresas europeas se beneficiarán del apoyo a la eficiencia energética de aquí a 2027, una iniciativa que se dirige principalmente a los sectores que consumen mucha energía.

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