Hay un momento concreto, cada año, en el que se llena de nómadas para la romería a Santa Sara la Noire. El mistral trae consigo olores a sal y a carne asada, mientras el trote de los caballos blancos acompaña el estrépito de los violines gitanos. Participar en esta procesión, que ve la imagen de la Santa llevada a hombros entre las olas, no es sólo un acto religioso, sino el inicio simbólico del verano mediterráneo en esta tierra de arena, toros y marismas.