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Vivir más no es suficiente. El verdadero desafío hoy es vivir bien, con buena salud, con autonomía y calidad de vida. “¿La longevidad es una mujer? desarrollado en torno a esta reflexión, la conferencia que tuvo lugar estos últimos días en “ReNest. De las raíces al futuro. Un viaje hacia la alimentación”, el espacio dedicado al bienestar y a la innovación social promovido por Nestlé, en el CityLife de Milán, con acceso gratuito al público hasta el 24 de mayo. El debate – informa una nota – contó con la participación de Patrizia Rovere Querini, directora de la Unidad Operativa de Medicina General que se ocupa de la Salud Metabólica y el Envejecimiento del Irccs San Raffaele Hospital y profesor de Medicina Interna en Vita-Salute University San Raffaele, y Nic Palmarini, director del Centro Nacional de Innovación para el Envejecimiento (Reino Unido), director ejecutivo de Voice Italia Social Enterprise y cofundador de Edelman Longevity Lab.

El debate destacó el papel de la mujer en los programas de prevención, salud y sensibilización relacionados con el envejecimiento, destacando que las mujeres hoy se encuentran entre los sujetos más atentos a la salud futura, aunque a menudo siguen soportando la carga de los cuidados familiares y sociales. Lo confirman también los datos del Observatorio Nestlé sobre la Longevidad: sólo el 24% de los italianos logra mantener sistemáticamente comportamientos saludables, mientras que las mujeres demuestran una mayor preparación y sensibilidad en lo que respecta a la prevención: el 79% dice saber lo que significa comer correctamente para envejecer sanamente, frente al 66% de los hombres; El 63% ha tomado suplementos en el último año para mejorar su salud futura (frente al 49% de los hombres) y el 45% indica que el conocimiento de las enfermedades es el principal motivo de preocupación, frente al 31% de la población masculina.

“Las mujeres viven más tiempo, pero a menudo con peor salud. La longevidad no se trata sólo de vivir muchos años: se trata de vivir bien, de mantener la autonomía, las relaciones y la calidad de vida”, explicó Rovere Querini. Durante el encuentro, trascendió que la longevidad no es sólo una cuestión individual, sino un fenómeno colectivo que involucra salud, relaciones sociales, trabajo, urbanismo y calidad de vida. La experta destacó la importancia de la prevención, una alimentación equilibrada, la actividad física y la conciencia metabólica a lo largo de la vida, especialmente en momentos delicados como la menopausia, que supone un auténtico punto de inflexión para la salud de la mujer. Las mujeres, especialmente en las ciudades, según Rovere Querini, “están adquiriendo una conciencia que no existía hace unos años. Hoy quieren comprender, informarse y cuidar su salud antes de la llegada de la enfermedad”. También se dedicó un gran espacio al tema de la “generación sándwich”, compuesta por mujeres que deben cuidar simultáneamente de sus hijos y de sus padres ancianos, y a la necesidad de repensar los modelos sociales y culturales para apoyar una longevidad más equitativa y sostenible. “Nuestra generación – observó – es la primera que ha visto verdaderamente la fragilidad de sus padres y ha comprendido que vivir mucho tiempo no significa necesariamente vivir bien. De ahí nace una nueva conciencia”.

Según Palmarini, el contexto en el que vivimos tiene un profundo impacto en la calidad del envejecimiento: “El código postal influye mucho más en nuestra trayectoria de longevidad que el código genético”, subrayó, recordando el papel decisivo de factores como el estrés, el aislamiento social, la calidad del sueño, los servicios, las relaciones y las posibilidades concretas de autocuidado. De hecho, los datos muestran diferencias significativas en la esperanza de vida entre el norte y el sur de Italia e incluso entre el centro y la periferia de las mismas ciudades. “Además, la longevidad – explicó el experto – no es una cuestión individual sino colectiva: si nos convertimos en una sociedad de longevidad, debemos preguntarnos qué contribución queremos hacer como sociedad que envejece”.

También apareció en el debate el peso invisible de los llamados cuidados informales, ese conjunto de actividades cotidianas de asistencia, cuidado y apoyo familiar que todavía hoy recaen principalmente en las mujeres. “Los cuidados informales en Italia representan el 2,5% del PIB y son sostenidos sobre todo por las mujeres. Basta reconocer este hecho para comprender hasta qué punto el futuro de la longevidad depende de sus hombros”, subrayó Palmarini. La comparación – continúa la nota – puso de relieve también el tema de la soledad y la fragilidad relacional, aspectos cada vez más centrales en la sociedad de la longevidad. Desde la falta de cuidadores hasta nuevos modelos de apoyo social, como las tecnologías de asistencia, el panel destacó cómo el envejecimiento ya no puede abordarse únicamente como una cuestión de salud, sino como una transformación cultural y colectiva. También se discutieron nuevos modelos de bienestar, más accesibles y sostenibles, alejados de los extremos del desempeño y más cercanos a la vida cotidiana de las personas. “Entre sentarse en el sofá e ir al gimnasio – recordó Palmarini – hay un punto medio: salir, caminar, estar con los demás. Esto también es salud”. De la comparación surgió una nueva idea de longevidad: menos ligada al mito de la eterna juventud y más orientada a una cultura del bienestar cotidiano hecha de equilibrio, sencillez, relaciones y conciencia.

Pero el camino no es fácil. “Para cuidar de los demás, primero debemos aprender a cuidar de nosotros mismos”, concluyó Rovere Querini, mientras Palmarini enfatizó: “Más que grandes revoluciones, este es el momento de la conciencia colectiva de cómo queremos vivir y envejecer”.

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