“Si vamos a utilizar residuos en lugar de materiales vírgenes, necesitamos saber qué contienen. Los residuos, por su naturaleza, pueden contener contaminantes. Por eso la química es la base de la verificación: no sólo la química para crear nuevas moléculas, sino para identificar los contaminantes presentes en los residuos”. Con estas palabras, Riccardo Piunti, presidente de Conou – Consorcio Nacional de Aceites Minerales Usados, recordó el papel decisivo de la experiencia química en la transición circular, interviniendo en el Chemical Day 2026, un evento organizado en el Politécnico de Milán y organizado por el Icp – Rivista dell’Industria Chimica, con el patrocinio de Aidic, del que el Icp es el órgano oficial y que representó una jornada de análisis en profundidad y networking dedicada a los operadores de la industria química, a la ingeniería de procesos. empresas, académicos y proveedores especializados.
Piunti, en su discurso titulado “Química y economía circular: el modelo Conou”, destacó que una de las razones de la excelencia del Consorcio es la capacidad de fijar y controlar estándares de calidad, tanto para los aceites usados como para las bases regeneradas. “Realizamos cerca de 100.000 análisis al año”, explicó, subrayando que la economía circular tendrá que depender cada vez más de un conocimiento preciso de los residuos y de las sustancias que contienen. “En el caso de los aceites minerales usados, esto significa gestionar una cadena de suministro compleja, que parte de la recogida capilar en los poseedores y pasa por la segregación, la selección y el control de calidad. Los aceites minerales, derivados de la transformación del petróleo, se utilizan en procesos industriales, en motores, en máquinas y en muchos otros sectores. Siguen siendo productos muy difundidos porque, en muchos usos, no tienen alternativas equivalentes. Para regenerarlos, transformarlos y darles una nueva vida, primero hay que hacerlo todo bien”, observó Piunti.
La química entra entonces en el corazón del proceso de regeneración. “La fase final del tratamiento del componente lubricante, por ejemplo – explica Piunti – requiere una hidrogenación a alta presión, mediante la cual el hidrógeno ayuda a eliminar elementos no deseados y a restablecer las características de la base lubricante. Los análisis finales también son químicos y sirven para verificar que la base regenerada es adecuada. Nuestras bases regeneradas son perfectamente equivalentes a las vírgenes”.