Hoy subirá la temperatura para lo que ofrecerá el Tour: el Tourmalet. Después de seis etapas, ni siquiera muy simples o monótonas, nos encontramos en una etapa que ciertamente no nos dirá cómo terminará, pero sí que podrá ponerle fin. El riesgo está ahí, al alcance de la mano.
Naturalmente, los observadores especiales serán los sospechosos de siempre: Pogacar y Vingegaard (estremecimiento para él, que se cayó pero llegó regularmente a la meta), aunque por segundo día consecutivo el maillot amarillo descansa sobre los hombros del noruego Traeen. Interesante ver cómo reaccionarán Evenepoel y Seixas, Carapaz y Ayuso en las primeras montañas, para llegar a Lipowitz, Martínez y Pidcock. Hoy el Tourmalet, ayer Pau, que interactúa infinitamente con el Tour. Por 77ª vez acogió la carrera francesa y en la noble línea de meta, por primera vez en su historia, un holandés de 24 años registró su nombre durante su debut en las carreteras de Francia: Kooij. Quería estar ahí a toda costa, después de las muchas lesiones físicas: venció a Kanter y al favorito Merlier.
Aplausos desde el escenario abierto para el transalpino Veistroffer, de 26 años, que trabajó en la Marina como ingeniero naval antes de convertirse en ciclista hace cuatro años. Acostumbrado a huir en todas las carreras en las que participa, lo hizo ayer desde el principio: para él el dorsal, el premio a la combatividad y no al calor.