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«Trata de personas». En Francia, en 2026, ante los ojos de todos, en el corazón de las ciudades. Y sobre todo, en el sentido penal del término. El miércoles 22 de abril, las plataformas de entrega de comidas Uber Eats y Deliveroo fueron objeto de una denuncia presentada ante la Fiscalía de París por trata de personas. Se trata de una primicia mundial: nunca, en los numerosos procedimientos iniciados en todo el mundo contra estas empresas multinacionales de reparto, nunca se ha presentado una acusación similar ante los tribunales.

Detrás de la denuncia revelada por cuatro asociaciones que representan a los repartidores El parisino, Miércoles, y de los cuales el mundo Pudo conocer: la Casa de los repartidores, en Burdeos, CoopCycle, la Asociación para la movilización y el apoyo de los repartidores y el Colectivo para la integración y emancipación de los repartidores.

La situación de estos proletarios del siglo XXIY siglo, que han aparecido en los últimos quince años y cuyo número se ha disparado tras la pandemia de Covid-19, es motivo de indignación. Un notable estudio de Médicos del Mundo, realizado sobre más de mil repartidores y publicado el 30 de marzo, ha objetivado su situación. Una jornada laboral media de sesenta y tres horas semanales; El 81% de ellos trabaja de seis a siete días a la semana; un salario de 5,83 euros brutos por hora, o 1.480 euros brutos al mes. Dos tercios se encuentran en situación irregular. Un tercio no tiene cobertura sanitaria. Nadie, cabe señalar, es dependiente.

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