elEl 18 de noviembre se celebrará en Berlín la Cumbre sobre la Soberanía Digital Europea. Podemos esperar que esta reunión sea una oportunidad para crear conciencia en los niveles más altos sobre el riesgo existencial que representa para Europa su casi total dependencia de las tecnologías e infraestructuras digitales estadounidenses y chinas.
Esta dependencia no es nueva, como tampoco lo es nuestra dependencia de la seguridad. Pero ahora es insoportable en el contexto geopolítico actual, que marca el retorno del equilibrio de poder, del espíritu de dominación y pone en tela de juicio nuestras alianzas históricas. Esta dependencia no es sólo tecnológica: lleva consigo las semillas de una vasalla duradera de Europa en todos los sectores que sustentan su soberanía e identidad: seguridad, economía, industria, tecnología, salud, cultura, educación, democracia… Esta dependencia, en resumen, representa un desafío de civilización para los europeos, que es vital abordar colectivamente con un sentido de urgencia.
Si, como escribió Jean Monnet en sus Memorias, “Los hombres aceptan el cambio sólo cuando es necesario y sólo ven la necesidad en situaciones de crisis”Nos encontramos en un momento de gran necesidad que puede allanar el camino para el cambio. Los retrasos y las insuficiencias de la Unión Europea (UE) han sido bien diagnosticados y documentados, en particular por Mario Draghi y Enrico Letta, cuyos excelentes informes sirven de base para numerosos debates, reflexiones e intercambios.
Pero está claro que luchamos por transformar estas observaciones en acciones claras, legibles y coordinadas. Puede resultar útil buscar inspiración en un momento fundacional de nuestra historia europea que, en muchos sentidos, tenía similitudes con lo que estamos viviendo hoy: un momento de peligro y tensión en el que era difícil ver con claridad.
Reconectarse con la acción colectiva
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