La reunión entre el presidente ruso Vladimir Putin y el presidente chino Xi Jinping comenzó el miércoles por la mañana en Beijing, China: es un evento importante no solo porque tiene como objetivo consolidar las relaciones entre dos aliados históricos como Rusia y China, sino también porque tiene lugar pocos días después de la visita del presidente estadounidense Donald Trump a Beijing.
Putin y Xi se reunieron en la Plaza de Tiananmen, frente al Gran Salón del Pueblo de Beijing, el edificio del parlamento. Seguirá una reunión entre ambos, durante la cual se espera que se firmen acuerdos bilaterales, pero por el momento no se sabe mucho sobre ellos. Es probable que sigamos hablando de la guerra rusa en Ucrania: aunque no esté directamente involucrada, China es de hecho el principal aliado comercial de Rusia, sujeto a sanciones económicas de los países occidentales.
Putin y Xi deberían discutir en particular la construcción del “Power of Siberia 2”, un gasoducto del que se viene hablando desde hace varios años y que debería conectar los yacimientos de gas de Siberia occidental con el norte de China. Se espera que el gasoducto tenga una longitud de 2.600 kilómetros y transporte 50 mil millones de metros cúbicos de gas al año a China.
Putin ya había visitado Beijing en septiembre, pero en este caso lo hizo con varios otros líderes mundiales, con motivo del 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial: hubo un gigantesco desfile y un encuentro histórico entre ambos con el dictador norcoreano Kim Jong Un.
En cambio, Trump viajó a Beijing el 13 de mayo para una visita de dos días: se había codeado con un presidente estadounidense en China durante los últimos nueve años. Poco concreto salió de la reunión, aparte de señales de distensión entre China y Estados Unidos después de años de relaciones muy complicadas (pero es difícil decir qué tan estable es esta distensión, tanto por la dificultad de leer la política china como por la imprevisibilidad de Trump en cuestiones internacionales).
Trump y Xi habían hablado principalmente de Taiwán, la isla que se gobierna de forma autónoma y democrática pero que China reclama como propia en la guerra de Oriente Medio y en la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Sin embargo, en ninguno de estos puntos se ha anunciado ningún acuerdo que cambie sustancialmente la situación.
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