Las cifras hablan, y poco hay que discutir sobre las cifras: si en 2022 las cárceles de menores albergaban a 381 personas, cifra estable desde hace años, a finales de 2024 llegaban a 587 y en 2025 a 572, es decir, más del 35 por ciento. Las entradas a las “comunidades penitenciarias” también aumentaron (en un 21 por ciento), y la misma tendencia creciente se observó en los centros de acogida primaria, con un aumento del 34 por ciento.
La alarma que se dispara nace de estos números: el día en que el Garante de los Prisioneros de la Región de Campania presentó su informe anual – el Fiscal General del Tribunal de Apelación de Nápoles, Aldo Policastro.
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“Yo diría que es hora de dejar de penalizar todo y en todas las ocasiones – afirmó el fiscal – La situación está empeorando, tanto en las cárceles de adultos como de menores, que actualmente están abarrotadas tras el decreto Caivano: ¿cuáles serán las posibilidades de recuperación de estos menores en estas condiciones? Creo que son muy, muy bajas”.
EL ANÁLISIS
En la sala del Consejo Regional el garante, Samuele Ciambrielloexplicó una vez más cómo la situación de emergencia en las cárceles de Campania ha empeorado aún más. Implicando cada vez más la realidad de las dos instituciones para menores Nísida y Airolacomo el primer centro de acogida de los Colli Aminei y también estructuras residenciales (como la Comunidad de Salerno o las acreditadas como Nuova Emmaüs) que acogen a menores sujetos a medidas cautelares menos restrictivas que el internamiento.
Un cuadro claro y dramático, el esbozado por Ciambriello. Sobre lo que reflexionó Policastro, quien habló durante la presentación.
“Desde hace tiempo – explica – venimos diciendo que el hacinamiento es uno de los peores factores de riesgo para los presos, porque no les permite realizar actividades de rehabilitación y reinserción, no les permite vivir civilizada y dignamente y produce efectos devastadores en su psiquis y su equilibrio. Hemos dicho en varias ocasiones que si elegimos el sistema “carcelario”, con el que no estoy de acuerdo, pero como lo ha hecho legítimamente este gobierno, entonces debemos continuar este camino hasta el final y crear una sociedad civil y prisiones dignas, porque de lo contrario el castigo se vuelve inútil y perjudicial para la sociedad: una persona detenida en condiciones inciviles e indignas es un ciudadano que no amará al Estado sino que lo odiará y, por tanto, producirá mayor inseguridad.
Para concluir, Policastro se dijo convencido de que “la excesiva penalización de una serie de delitos y el agravamiento de las penas van exactamente en esa dirección”.
EL ESCENARIO
Y llegamos al informe del Garante. “En 2025 – explica Ciambriello – la realidad penitenciaria y la ejecución penal en Campania se confirman marcadas por cuestiones estructurales que requieren una atención continuada: la presión digital y sus efectos sobre el hacinamiento, la calidad de la vida carcelaria y de las relaciones familiares, la protección de la salud física y mental, la gestión de los acontecimientos críticos y de las muertes, el trabajo y la formación como herramientas eficaces de reintegración, la condición de los extranjeros, la cuestión de las adicciones y el cuidado de la salud, así como la estabilidad de las redes territoriales llamadas a tomar medidas y pruebas alternativas. Junto a estas cuestiones críticas, también surgen experiencias positivas: proyectos que funcionan, protocolos de colaboración, iniciativas culturales y de sensibilización que merecen ser valoradas porque indican posibles direcciones”.
En los centros penitenciarios de menores de Nisida y Airola hay 159 niños, entre ellos 143 menores. “La desviación juvenil se desarrolla allí donde las familias se debilitan – concluye – donde las escuelas pierden su capacidad, donde los territorios están marcados por la pobreza educativa, la marginalidad social, la falta de oportunidades y la normalización de la violencia. El verdadero desafío es prevenir y apoyar. »