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Foto de : Ansa

francesca mariani

Ninguna “invitación formal” a la Federación Rusa, una verificación oportuna del cumplimiento del régimen de sanciones europeo, la gestión de la reducción de la cofinanciación de la Unión Europea en 2 millones de euros en tres años para proyectos relacionados con el cine y la elección de la dimisión del jurado internacional, informado del “riesgo personal de exposición a una indemnización por daños y perjuicios”, no sólo por la advertencia del artista que representa a Israel, Belu-Simion Fainaru, sino también por la propia Fundación. Estos son, en resumen, los puntos claves del informe elaborado por los inspectores del Ministerio de Cultura en la Bienal de Venecia presidida por Pietrangelo Buttafuoco, tras la polémica por la reapertura del pabellón ruso. El documento, que consta de siete páginas, fue redactado por técnicos de MiC y refrendado por la Bienal el jueves 30 de abril a las 15.30 horas. tras la inspección. Un enfrentamiento definido como “acusación y defensa”, con en la mesa, por un lado, el jefe de gabinete del ministro Alessandro Giuli, Valerio Sarcone, flanqueado por Luca Maggi, Arianna Proietti y Orsola Bonifati, y por el otro, el director general de la Fundación Andrea Del Mercato con Debora Rossi, Francesca Oddi y Martina Ballarin para asuntos jurídicos e institucionales. El documento será enviado mañana al Palacio Chigi y acabará sobre la mesa de la primera ministra Giorgia Meloni y del subsecretario Giovanbattista Fazzolari. A nivel ruso, la Bienal deja claro en sus actas que la Federación Rusa no fue invitada formalmente y no firmó ningún documento de participación, como se esperaba para los demás temas en cuestión. El pabellón ruso, un edificio histórico de la época del zar Nicolás II y restaurado en 2019, habría sido objeto de comunicaciones con las autoridades locales competentes, pero sin un procedimiento uniforme que involucrara permanentemente a la Fundación. La Bienal también destaca la ausencia de un protocolo consolidado para los trabajos de mantenimiento de los pabellones nacionales.

También se dedica un espacio importante a verificar el cumplimiento de las sanciones europeas contra Moscú. La Fundación informa haber realizado controles “en cada momento posible” para garantizar el cumplimiento del marco normativo, dentro de los límites de la información disponible y sin posibilidad de intervención directa sobre los proyectos presentados. El objetivo declarado era verificar el cumplimiento de las iniciativas con las restricciones vigentes, a pesar de un contexto operativo complejo. Otra aclaración se refiere a la naturaleza del evento inaugural, la inauguración prevista entre el 5 y el 8 de mayo, definida como una reunión privada, por invitación y no abierta al público. Por este motivo, no se consideraría la presentación del Scia para eventos públicos. La Bienal añade además que, dadas las sanciones actualmente en vigor, la Federación Rusa no podría obtener los permisos necesarios para abrir el pabellón al público durante el período de exposición. Sin embargo, la Bienal informa que, por decisión de la Fundación, “en la edición actual del catálogo publicado por la Bienal, la sección relativa a la participación de la Federación de Rusia no estará presente porque la participación de Rusia está siendo examinada minuciosamente a la luz del marco regulatorio actual”. De manera más general, la Fundación reitera su naturaleza jurídica, distinguiendo el modelo de la Bienal del de la Expo: no es un evento que selecciona directamente a los Estados participantes, sino una plataforma a la que los países eligen independientemente unirse.

Un capítulo central del informe se refiere a la cofinanciación europea de 2 millones de euros en tres años, vinculada a proyectos cinematográficos. Ante el riesgo de revocación por parte de la Comisión Europea, la Bienal adoptó una línea prudencial: en el presupuesto de 2025, el importe correspondiente al anticipo ya recibido para el bienio 2026-2027 se incluyó en el fondo de riesgos, mientras que los recursos previstos para los años siguientes se mantuvieron en el presupuesto de 2026, ya aprobado por las autoridades competentes. El Patronato de la Fundación, sin embargo, se reservó cualquier decisión en espera de nuevos acontecimientos con Bruselas. La segunda parte del acta aborda la cuestión de la dimisión del jurado internacional, resultante del deseo de abstenerse de evaluar a efectos de premios a los países cuyos líderes están acusados ​​por la Corte Penal Internacional de crímenes contra la humanidad. Un principio que se aplica tanto a la Rusia de Vladimir Putin como al Israel liderado por Benjamin Netanyahu. El Ministerio de Cultura preguntó a la Fundación qué medidas pensaba adoptar para proteger su imagen y evitar posibles reclamaciones de indemnización, después de que los abogados de Fainaru temieran una reclamación de daños y perjuicios por supuesta discriminación. La Bienal informa haber informado al jurado del riesgo de exposición legal, tanto para el artista solicitante como para la propia Fundación, iniciando discusiones para aclarar la posición adoptada. El objetivo es evaluar las consecuencias de la declaración y preparar posibles respuestas a los abogados y a la autoridad de control. A pocas horas de cerrarse la inspección, el jurado internacional oficializó su renuncia, cerrando una historia que entrelaza derecho, diplomacia cultural y responsabilidad institucional en el delicado contexto de la sexagésima primera Exposición Internacional de Arte.

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