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La implementación debería tener lugar a través de coaliciones de estados individuales en lugar de a través de un sistema paneuropeo. Por ejemplo, Alemania, Francia, Polonia y Gran Bretaña podrían coordinar grandes programas estratégicos. Además, las inversiones en defensa también constituyen una política tecnológica. “Cada euro invertido en software, inteligencia artificial y viajes espaciales puede generar un multiplicador económico de hasta 1,5”, afirmó Moritz Schularick, presidente del Instituto de Economía Mundial de Kiel (IFW). “Europa no sólo puede permitirse estas inversiones, sino que no puede permitirse el lujo de no realizarlas”.

Los autores también piden un cambio de paradigma en las adquisiciones, que se aleje de las especificaciones detalladas y opte por contratos basados ​​en resultados. “La cuestión no es si invertiremos, sino si alinearemos las inversiones de una manera que fortalezca la capacidad de acción de Europa y ancle el liderazgo tecnológico y la creación de valor industrial en Europa”, explicó el experto en seguridad Lange.

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