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Unos meses antes de celebrar su centenario, los días 12 y 13 de septiembre, se renueva el mítico circuito de Gueux, donde Fangio se distinguió considerablemente. Letras gigantes, colores deslumbrantes y logotipos que creíamos borrados por el tiempo han resurgido en las paredes de hormigón de las gradas.

Este pequeño milagro se lo debemos a siete alumnos de la sección de pintura decorativa de la escuela Blot de Reims, la famosa institución fundada en 1925. Durante cinco días, estos artistas en ciernes abandonaron sus aulas para experimentar la realidad de una obra XXL, a petición de los voluntarios de la asociación “Les Passionnés du Circuit de la Marne”..

“También encontramos los colores originales”

“Todos los stands fueron repintados y desmontados. Fue una oportunidad para reunir a los expertos del sector. Esperamos que la colaboración pueda mantenerse porque no tenemos las mismas pinceladas”, saluda Fabrice Gomez, presidente de la asociación.

En el lugar, el desafío fue inmenso. El tiempo ha transformado los anuncios antiguos en “carteles fantasma”. “Para algunos apenas podíamos ver algunas letras. Rehicimos seis carteles de forma idéntica. El soporte no es liso y el suelo no es plano, pero es un increíble lugar de juego para los estudiantes”, se alegra Stéphanie Evrard, directora de la escuela Blot.

Se necesitó mucho trabajo de detective para restaurar el sitio a su antiguo esplendor. A partir de fotografías de época proporcionadas por la asociación, la escuela investigó la tipografía exacta y los logotipos originales, como los de “L’Équipe” o “Firestone”..Para reproducir fielmente estos gigantes pictóricos, los alumnos utilizaron la técnica tradicional del estarcido, perforando el dibujo con una ruleta entintada antes de fijarlo con acrílico.

Un salto en el tiempo y un guiño a la historia: “Incluso podemos suponer que algunos pintores graduados en la escuela Blot ya habían trabajado en estos carteles en su momento”, sonríe el gerente. Para los alumnos, este proyecto se convirtió en un auténtico bautismo de fuego. El ambiente confortable de las aulas ha desaparecido.

Todo hermoso para celebrar su centenario en septiembre

“En el colegio nos miman en los caballetes. Pero aquí es muy gratificante. Casi todas las paredes eran blancas. Vimos reaparecer los logotipos, incluso encontramos los colores originales”, sonríe Lola. Más allá de la técnica, necesitábamos armarnos de coraje. Movimientos, andamios pero, sobre todo, clima impredecible. “Las condiciones climáticas eran realmente debilitantes”, recuerda Camille. Aquí estamos realmente en condiciones reales, pero los resultados son muy positivos. Fue una oportunidad estar aquí. »

En cuanto a los voluntarios, que cada día cuidan el circuito, tenemos luces en los ojos. “Es magnífico, es muy agradable verlos trabajar. Hemos observado cómo avanza todo el trabajo”, afirma Patrick, que es voluntario desde hace 14 años. Si bien la asociación ya había restaurado el costado de la carretera, el lado interno de las gradas nunca fue tocado. “Dentro de 20 años”, concluye Fabrice Gómez, “podrán volver y decirles a sus hijos: Pinté aquí, en el circuito. » Un legado grabado en concreto y pintura para la próxima generación de entusiastas.

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