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IHace siete años, el levantamiento de los “chalecos amarillos” reveló con una fuerza sin precedentes la brecha entre quienes toman las decisiones políticas y muchos ciudadanos. Los 2 millones de quejas escritas en esta ocasión revelaron el deseo de ser escuchado, de poder participar en las decisiones que vinculan colectivamente al país y el deseo de no ser relegado al simple papel de espectador del debate democrático. Entre estos cientos de miles de escritos, esperanzas y enojos, preocupaciones y propuestas, una petición ha encontrado un impulso particular: la del referéndum de iniciativa popular (RIC). Esta aspiración no era nueva y no desapareció con los “chalecos amarillos”: estaba arraigada en la mente de la gente y resurge tan pronto como las instituciones muestran sus límites.

Esta aspiración responde a un vacío inmenso: el de la consulta “libre”, el de los consejos solicitados pero ignorados, el de las promesas no cumplidas. Según el Barómetro Cevipof 2025, sólo el 26% de los franceses dicen tener confianza en la política.

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Las quejas surgidas del gran debate fueron publicadas, pero no fueron tomadas en consideración. Hay que escuchar la Convención Ciudadana sobre el Clima “sin filtro”en palabras del Presidente de la República. Sólo se siguió parcialmente y se dejaron de lado medidas más ambiciosas. La sensación de ser utilizado en lugar de escuchado ha erosionado profundamente la confianza.

En el punto álgido de la inestabilidad que marcó una crisis de régimen sin precedentes, el año 2025 comenzó con la promesa de Emmanuel Macron de consultar nuevamente a los franceses, posiblemente mediante un referéndum. Veinte años desde el referéndum de 2005, siete años desde el primer acto de la revuelta de los “chalecos amarillos” y la recogida de agravios. Once meses después, está claro que el referéndum no tuvo lugar, la desconfianza en la representación política aumentó y más de 2 millones de personas firmaron, a mediados del verano, una petición en el sitio web de la Asamblea Nacional pidiendo revocar una ley recién adoptada sin debate en la Cámara.

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