Cuando leemos o escuchamos un mito antiguo, siempre sentimos como si fuera la primera vez. Como arquetipos, los mitos son espejos de la naturaleza humana: fuentes inagotables de introspección. Miedo, ira, deseo, luto, alegría: en estas historias encontramos personajes que encarnan nuestras emociones, actúan como un espejo para nosotros y nos reflejan como un espejo.
Desde este punto de vista, los mitos son regalos del pasado, y así los trata Cristina Dell’Acqua -enseña griego y latín en el Collegio San Carlo de Milán y actualidad de la cultura clásica en Iulm- en su El don del mito (Mondadori, 184 páginas, 18 euros). El Libro de los Regalos contiene nueve. Nueve mitos que expresan lo que siempre nos ha conmovido: las emociones. Sólo por poner un ejemplo: está la fuerza de Andrómaca, que defiende el amor incluso en la pérdida, o está la furia de Aquiles, que da paso a la magnanimidad… Y luego están los dioses y las fuerzas que encarnan. Está el dios Pan y su pánico; mientras que nuestra parte más vital y esquiva está encarnada por Dioniso.
Otro tipo de viaje al mito es el que propone Stefano De Martino en Troia, la eterna ilusión (Il Mulino, 198 páginas, 18 euros). El volumen recuerda el enorme trabajo de excavación de Heinrich Schliemann (1822 – 1890) quien, siguiendo precisamente el texto de la Ilíada, considerado por muchos pura fantasía, logró sacar a la luz la más mítica de las ciudades. Pero eso no es todo, De Martino -presidente del Centro de Investigación y Excavaciones Arqueológicas para Oriente Medio de Turín- reconstruye la influencia cultural que ha tenido hasta hoy la ciudad de Héctor y Príamo. En definitiva, una lectura compuesta de ruinas, tesoros, influencias culturales hititas en la Grecia micénica, excavaciones y errores de excavación, tesoros y vida cotidiana. Y no importaba si las guerras continuas se libraban bajo los muros de Troya en lugar de bajo un largo asedio. Lo que importa es que creó una imaginación permanente.
El que pronto volverá por enésima vez al cine, esta vez a través de los ojos del director Christopher Nolan y su Odisea (que no será muy filológica, como alguien ya ha apuntado, pero sí muy legendaria).