Con el Super Bowl, la final del campeonato de fútbol americano, acercándose, fuimos a buscar entradas para asistir al evento, el domingo 8 de febrero, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. El precio depende de la oferta y la demanda. Al no poder permitirnos un asiento “VIP” a 32.603 dólares (27.608 euros), buscamos un asiento en lo alto, en un rincón del estadio: precio mínimo, miércoles 28 de enero, 6.975,65 dólares. En definitiva, será la opción del sofá, frente al televisor.
En teoría es posible adquirir entradas por su valor nominal, entre 950 y 8.500 dólares, pero para ello hay que ser “hincha” y ganar alguna de las loterías organizadas por los clubes de la Liga Nacional de Fútbol. En realidad, el precio medio pagado ronda los 5.000 dólares. En Estados Unidos el entretenimiento es ruinoso, y esto afecta a todo, ya sean deportes, esquí, espectáculos -de los que Las Vegas se ha convertido en una de las capitales-, viajes o incluso parques de atracciones.
En Francia, llegar a Disneylandia es muy sencillo: un billete RER hasta Marne-la-Vallée, una entrada “liberty” por 119 euros y el día está completo. En Estados Unidos no ocurre nada parecido aunque, sobre el papel, la entrada puede costar lo mismo que en Europa: un parque de atracciones es una estancia que requiere coger un avión para llegar a Orlando en Florida, algunas noches, restaurantes que reservar con antelación. La preparación requiere experiencia en la elección de opciones para viajes a cañones de cartón, sabiendo que puedes, por el mismo precio, explorar cañones reales de Utah.
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