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Una hermosa paradoja. Al sancionar al sistema financiero ruso, la Unión Europea acabó penalizando también a los rusos que, anti-Kremlin y pacifistas, abandonaron su país tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022 y, desde entonces, viven exiliados en Europa.

“Un problema poco conocido pero con efectos nocivos”“, advierte Janna Nemtsova, hija de Boris Nemstov, uno de los líderes de la oposición, asesinado el 27 de febrero de 2015 con disparos en la espalda en el puente que cruza el río Moskva, frente al Kremlin. Incluso hoy sigue siendo una figura liberal influyente entre los disidentes rusos en el extranjero. Para mantener viva la memoria de su padre, Janna Nemtsova creó la Fundación Libertad, que, con sede en Berlín, defiende la democracia y los derechos humanos. Acaba de emprender una nueva batalla: mostrar “Cómo las sanciones de la Unión Europea contra la infraestructura financiera rusa han permitido congelar el capital privado de entidades no sancionadas”.

Este es el título de su último informe que, desde su publicación el 29 de octubre, circula en las redes sociales de los rusos en el exilio. Janna Nemtsova tocó un punto delicado y doloroso para muchos opositores que se habían refugiado en Europa, convirtiéndose en víctimas colaterales de las sanciones. De hecho, la Unión Europea (UE) ha adoptado medidas contra el Banco Central ruso, pero también contra el depositario ruso, el Depositario Nacional de Liquidación, contra los principales bancos y contra varios otros intermediarios financieros. Estas entidades tenían depósitos en Euroclear; ahora están congelados. Además de los 180 mil millones de euros del Banco Central Ruso, la institución posee 13 mil millones en activos privados rusos.

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