Mucha lluvia en Italia en enero y también en este mes de febrero. Nubes, tiempo muy cambiante y mucha agua. ¿El incesante mal tiempo en Italia tiene consecuencias en el cuerpo y en el estado de ánimo? En respuesta al saludo Adnkronos son David Lazzaripresidente del Observatorio de bienestar psicológico y salud, e Mauro Minelliinmunólogo clínico y profesor de nutrición humana en Lum. “La lluvia y los cielos grises afectan a nuestro bienestar psicológico. Las semanas de mal tiempo que vivimos no sólo afectan a la organización de nuestros días, sino también a nuestro equilibrio psicológico”, explica Lazzari. “La acción conjunta de un clima saturado de humedad, cambios bruscos de temperatura y la floración temprana de especies arbóreas agresivas crea un terreno fértil para la inflamación persistente y la vulnerabilidad inmune”, observa Minelli.
Consejos de expertos
“No somos máquinas separadas del medio ambiente, sino seres vivos en continua relación con él – subraya Lazzari – El tiempo, en efecto, no actúa sólo sobre el estado de ánimo de forma genérica: Factores como la luz, la temperatura, la humedad y la presión atmosférica tienen un impacto directo en los mecanismos biológicos fundamentales.como el ritmo sueño-vigilia y la reactividad emocional. En particular, los períodos prolongados de lluvia y cielos nublados pueden afectar nuestra resiliencia psicológica, es decir, nuestra capacidad para afrontar el estrés y las dificultades. Cuando los días son grises y lluviosos, la reducción de la luz natural suele ir acompañada de un mayor sedentarismo y un mayor aislamiento social. Una combinación que puede provocar irritabilidad, disminución de la motivación y empeoramiento del estado de ánimo. »
Vamos efectos psicológicos del mal tiempo prolongadoEs importante evitar generalizaciones. “No todo el mundo reacciona de la misma manera – explica Lazzari – Las respuestas al mal tiempo son individuales y dependen de factores personales, como la sensibilidad emocional, el estilo de vida y los recursos psicológicos de cada individuo”. Sin embargo, existen algunas estrategias sencillas y eficaces para limitar el impacto negativo del mal tiempo en el bienestar mental. Entre los consejos del experto: “Exponerse lo antes posible a la luz natural, aunque sea con un breve paseo; mantener una actividad física regular, incluso en casa; reducir la hiperinformación, especialmente la procedente de dispositivos digitales y redes sociales; evitar el aislamiento, cultivar relaciones y momentos de compartir con los demás”. Pequeñas medidas diarias que pueden marcar la diferencia y ayudarnos a mantener el equilibrio incluso cuando el tiempo no acompaña.
El sistema respiratorio también se pone a prueba
La humedad afecta el sistema respiratorio. “El aire saturado con vapor de agua modifica significativamente el ‘aclaramiento’ mucociliar – explica Minelli – Cuando la humedad es excesiva, la viscosidad del moco sufre variaciones reológicas que hacen que los cilios vibrantes sean menos eficaces para eliminar patógenos y partículas. A esto se suma el riesgo ambiental, ya que la humedad favorece la proliferación interior de hongos y mohos. En un sistema inmunológico ya estresado, estas esporas actúan como desencadenantes inflamatorios que pueden superponer o complicar patologías virales comunes. Los cambios de temperatura pesan sobre el defensas de las mucosas. “La transición de 20°C en ambientes cálidos a frío húmedo desde el exterior induce una vasoconstricción refleja de la mucosa nasal. Este fenómeno – subraya el inmunólogo – reduce temporalmente el suministro de células inmunes (neutrófilos y macrófagos) al posible lugar de entrada de los patógenos, creando una “ventana de vulnerabilidad” que favorece el establecimiento de infecciones bacterianas secundarias”.
En este período, hay otro escollo, que pocas personas reconocen: la ciprés. “En el momento en que se activan las defensas contra los virus estacionales, aparece el polen de ciprés. Es un alérgeno particularmente insidioso por dos razones”, advierte Minelli. “Agresión local: afecta selectivamente a las mucosas de las vías respiratorias superiores y a la conjuntiva, provocando enrojecimiento de los ojos con picor y lagrimeo, congestión nasal, rinorrea profusa y molesta, estornudos repetidos. Efecto priming: la inflamación alérgica ‘prepara’ la mucosa, haciéndola más permeable y más susceptible al ataque viral. El paciente muchas veces malinterpreta estos síntomas como un resfriado prolongado, retrasando la intervención correcta.
¿Cómo protegerse de las consecuencias de un clima lluvioso y húmedo y de numerosos cambios de temperatura? “Dejando de lado los paliativos de las redes sociales, la atención médica debe centrarse en proteger la barrera y controlar la cascada inflamatoria – sugiere el inmunólogo – Antihistamínicos de nueva generación: su uso específico en esta fase preestacional es esencial para estabilizar los mastocitos y reducir la hiperreactividad de las mucosas expuestas al polen de ciprés. Descongestionantes tópicos: el uso racional y a corto plazo de descongestionantes puede restaurar la permeabilidad nasal, mejorar la ventilación y evitar el estancamiento de la mucosidad que facilita la secundaria Infecciones Higiene mecánica: lavado nasal con soluciones hipertónicas para eliminar físicamente la carga alergénica y las partículas depositadas por el aire húmedo.
La nutrición como respuesta
¿Existe también apoyo nutricional? “La nutrición desempeña un papel clave en la modulación de la respuesta inmunitaria. Enero y febrero ofrecen alimentos ricos en fitocomplejos esenciales: verduras crucíferas (brócoli, col) ricas en sulforafano, útiles para favorecer la capacidad antioxidante de las vías respiratorias – Lista Minelli – Cítricos y kiwis: para un aporte constante de vitamina C, fundamental para la integridad del colágeno y de las mucosas, así como para el funcionamiento de los leucocitos. Zinc y selenio: presentes en legumbres y frutos secos, son cofactores enzimáticos esenciales para una respuesta inmune eficaz y no exagerada.
En definitiva, concluye el inmunólogo, “para gestionar adecuadamente los meses de enero y febrero, debemos ir más allá del concepto neutral y pasivo de ‘esperar la primavera’. La gestión sanitaria durante este período no debe limitarse al tratamiento del síntoma agudo, sino que debe basarse en una estrategia preventiva integrada”.