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“El tribunal estableció que el demandado nunca había acompañado sus numerosas cartas con facturas falsas, certificados falsos o documentos falsos, lo que lleva a rechazar la calificación de fraude por estos hechos”. De este modo. Ésta es la explicación dada por el presidente durante las deliberaciones pronunciadas este viernes 10 de julio sobre la cuestión del nombre Évariste.

Este residente de Sarcelles (Val-d’Oise) fue acusado de enviar numerosas cartas a clérigos y religiosos católicos entre 2019 y 2025, solicitando ayuda económica por supuestos “problemas de salud” u otras dificultades relacionadas con su situación profesional o la salud de sus seres queridos.

Mentiras pero no una estafa

32 lo aceptaron, otorgando a Évariste un total de más de 230.000 euros. Pero como aclaró el Tribunal, jurídicamente estos hechos no pueden calificarse de “fraude” ya que no van acompañados de ningún uso de falsificación. Entonces estas son simplemente mentiras. Grandes mentiras evidentemente, pero esta constatación judicial desembocó en la sentencia absolutoria y el rechazo de las solicitudes de indemnización.

El tribunal tampoco consideró que se tratara de un claro abuso de debilidad o acoso, porque no hubo “deterioro de las condiciones de vida de las víctimas”. “Por otra parte, la mentira constatada por el tribunal puede dar lugar a la responsabilidad civil de su autor”, recordó para concluir el presidente.

Évariste, al timón con su esposa, se limitaba a mirar hacia delante. Cuando se le preguntó “¿cuál es su próximo paso?” “, preguntada al final de la conversación, la esposa respondió concisamente “no tenemos más problemas para el futuro”. ¿Esperaban esta decisión? “Sí”, dicen sus consejos, no sin cierto alivio. En cuanto a Evariste, “para mí eran simplemente personas que conocía. Había creado un vínculo de confianza con ellos y ellos conscientemente me donaron”. Así que no me arrepiento.

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