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Se pierde peso rápidamente, a menudo de forma espectacular. Pero este número que cae en la escala no cuenta toda la historia: desde la dieta hasta la salud mental, desde la actividad física hasta las desigualdades en el acceso a la atención, todos deciden si la terapia con medicamentos basados ​​en GLP-1 realmente funciona o si se corre el riesgo de dejar aspectos importantes de la salud al descubierto. Éste es el corazón del primer gran consenso europeo sobre el uso adecuado de los fármacos contra la obesidad de última generación (GLP-1 o fármacos basados ​​en GLP-1/GIP) publicado en The Lancet Diabetes y Endocrinología y firmado por un equipo internacional de 26 expertos, coordinado por Laurence Dobbie del King’s College de Londres.

El artículo llega en un momento crucial: la semaglutida (cuya patente ya expiró en muchos países, como China, India, Canadá, Brasil y otros) y sus medicamentos “primos” han cambiado para siempre la forma en que tratamos la obesidad, pero su uso masivo supera la evidencia científica sobre la mejor manera de manejarlos de manera segura. Por este motivo, las principales empresas científicas del sector -la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO) y el Federación Europea de Asociaciones Dietéticas (EFAD) – en colaboración con asociaciones de pacientes (Coalición europea para personas que viven con obesidad) decidieron escribir juntos un manual de usuario real, destinado a médicos, dietistas y pacientes, para hacer más correcto y eficaz el uso de estas terapias.

No sólo kilos: lo que realmente cambia en el cuerpo

Uno de los aspectos sobre los que Consensus llama la atención es lo que se pierde con la pérdida de peso: los estudios existentes muestran que una porción sustancial de los kilos perdidos, entre el 24 y el 30%, es masa magra, en la práctica músculo. Un elemento a mantener bajo control, especialmente entre las personas mayores, que son las más expuestas al riesgo de sarcopenia. Por ello, los expertos indican un objetivo de referencia: la relación ideal entre pérdida de grasa y pérdida de masa magra debe rondar los 3 a 1 (es decir, por 4 kilos perdidos, 3 kilos de grasa y 1 de masa magra).

De ahí la invitación a ir más allá de la lógica de la báscula (es decir, los kilos de peso) y del IMC (índice de masa corporal), introduciendo en la evaluación del paciente también mediciones como la circunferencia de la cintura, pruebas simples de fuerza (por ejemplo, apretón de manos o “sentarse y levantarse” repetidas 5 veces) y, si están disponibles, pruebas más profundas como la DXA o la medición de la bioimpedancia.

No sólo inyecciones o pastillas: la dieta y el psicólogo siguen en el buen camino

Uno de los mensajes más contundentes del documento es que estos medicamentos no pueden recetarse “solo”. La terapia nutricional médica, desarrollada por un dietista, se define como “central” y no incidental al tratamiento: sirve para garantizar la cantidad adecuada de proteínas, vitaminas y minerales, para aliviar los efectos secundarios gastrointestinales típicos de estos tratamientos y para apoyar al paciente hacia un cambio dietético que perdure en el tiempo, con una comunicación sin prejuicios que no reduzca la salud a un simple número en la balanza.

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