Donald Trump comenzó su visita de Estado a China el martes rodeado de los mayores patrones de Estados Unidos. El comercio, la inteligencia artificial, los chips electrónicos y la rivalidad estratégica con Beijing están en el centro de las discusiones.
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Un apretón de manos, disparos de cañón y el himno estadounidense: la visita de Estado de Donald Trump a China comenzó el martes 14 de mayo por la mañana en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. El presidente estadounidense fue recibido por Xi Jinping en este viaje de dos días, el primero desde 2017. Pero más allá de la ceremonia diplomática, es sobre todo la impresionante delegación que acompaña a Donald Trump la que marca el tono de esta visita.
El presidente estadounidense llegó rodeado de la élite empresarial estadounidense. En el terreno del baloncesto podríamos hablar de un Juego de Estrellas corporativo. Diecisiete peces gordos abordaron el Air Force One con maletas llenas de contratos. A su cabeza: Elon Musk, el hombre más rico del mundo. A su alrededor se encuentran los líderes de Apple, BlackRock, Visa, Goldman Sachs e incluso Boeing, que espera cerrar una gigantesca venta de casi 500 dispositivos. Un gigante de la agroindustria también acompañará a la delegación para negociar importantes exportaciones de soja.
Entre todos estos líderes, un nombre llama especialmente la atención: Jensen Huang, director general de Nvidia. Su presencia permaneció incierta hasta el último momento. Inicialmente ausente de Washington, finalmente abordó la escala del Air Force One en Alaska, con la mochila al hombro.
Nvidia sigue siendo relativamente desconocida para el público en general, pero la compañía ocupa un lugar central en la guerra tecnológica global. El grupo domina el sector estratégico de los chips y microprocesadores electrónicos, imprescindibles para el desarrollo de la inteligencia artificial. Un área en la que Estados Unidos mantiene una importante ventaja tecnológica que Washington busca proteger prohibiendo a Nvidia vender sus productos más eficientes a China.
Sin embargo, la presencia de Jensen Huang sugiere que se podrían negociar algunos compromisos, siempre que Beijing también haga concesiones. Para evaluar la importancia de Nvidia, basta mirar su valoración en bolsa: la empresa vale ahora más que el producto interior bruto (PIB) de Francia.
Obviamente, la política nunca está lejos. Taiwán, Irán e incluso las tensiones comerciales siguen omnipresentes en las discusiones entre las dos superpotencias. Y detrás de Donald Trump, otro hombre llama la atención: su secretario de Estado, Marco Rubio, ya visto como un posible sucesor del multimillonario republicano. Muy expuesto en las últimas semanas, sobre todo después de un tête-à-tête con el Papa en el Vaticano, Marco Rubio arriesgó no realizar el viaje a China. Hijo de exiliados cubanos y feroz oponente del comunismo, está sujeto a sanciones chinas debido a sus virulentas críticas a Beijing. Para sortear esta prohibición, hace unos meses se cambió discretamente la ortografía de su nombre.
Un juego de manos que, sin embargo, no empujó a Rubio a la discreción. En el avión apareció con un traje idéntico al que usó el presidente venezolano Nicolás Maduro durante su arresto y encarcelamiento. Una nueva provocación en una visita ya marcada por la permanente rivalidad entre Washington y Pekín.