Fuertemente brasileño. Alison Santos No deja mucho a la imaginación en cuanto a sus orígenes. Su ADN es inconfundible y 10 minutos de uno de sus partidos bastarían para confirmar su gusto por las certezas. El paso oscilante es el de alguien que siempre parece estar a punto de caer al suelo y que no sólo se mantiene erguido, sino que además tiene más fuerza que otros en las piernas para saltar por encima de su oponente directo y apuntar a la portería. Sí, porque el GPS de Alisson Santos sólo conoce un punto de referencia: la puerta. Está diseñado para ir directamente hasta allí, aunque el camino será sinuoso e involucrará oponentes en el camino. A él no le importa. De hecho, en el fondo, incluso le gusta. Por otro lado, creció en las calles brasileñas con un único referente en mente: Ronaldinho, alguien que hizo del regate, la imaginación, el espectáculo y la alegría los puntos cardinales de su brújula. Y alison No hace nada diferente. Se está divirtiendo mucho en el campo y lo deja claro. Busca el balón, lo quiere y cuando lo consigue intenta transformar lo ordinario en extraordinario. Así llamó la atención de los reclutadores del Sporting, que lo recogieron en un equipo de la Serie B portuguesa (Leira) para traerlo a Lisboa y hacerlo crecer paso a paso, o mejor dicho: regate tras otro. Supieron esperarlo, sin presionarle nunca los hombros. Y Alisson respondió a su manera, con un año (febrero de 2025 a enero de 2026) de goles, asistencias y magia. Usada casi siempre durante el partido, no parecía hecha para una camiseta titular. Por el contrario, el Nápoles, que empezó a seguirle mucho antes del cierre de la operación de enero, tuvo el valor de apostar fuerte por él con antonio conte que incluso quiso cambiar su estructura táctica abandonando a los Fab Four para añadir un extremo con la imprevisibilidad de las piernas supersónicas de Alisson Santos para perforar las defensas más atrincheradas.
EL SALTO DE ALTURA
Porque cuando el balón llega a las zapatillas del brasileño algo pasa. Siempre. Eso es seguro. Ahora, primero que nada, lo han entendido sus compañeros, que lo buscan constantemente, sabiendo que tarde o temprano la jugada decisiva llegará desde esta zona del campo. Los tres goles marcados hasta el momento en el campeonato son todos suyos: finta corporal, pase de balón con el pie derecho y remate fuerte al primer palo, justo cuando el portero contrario está a punto de lanzarse en picada hacia el lado contrario. Prácticamente lo contrario del “tiragiro” que se hizo famoso con Insigne desde este mismo cuadro en el campo, pero igual de efectivo. Gracias a su imprevisibilidad y a esa gasolina siempre verde que rebosa de su motor, el Nápoles ha decidido centrarse también en él en el futuro. Al final de la temporada llegará el rescate de unos 16,5 millones de euros que ingresarán en las arcas del club. Deportivo muy gustosamente. Porque el prospecto de Alison Santos (24 años en septiembre) es el de un futbolista moderno que puede marcar la diferencia tanto en la Serie A como en la Liga de Campeones, donde ya ha dejado su huella con dos goles sólo en el grupo de este año. Al principio es amplio, a veces incluso muy amplio, pero luego se centraliza. Y cuando lo hace, resulta doloroso para cualquiera que tenga la mala idea interponerse entre él y la portería contraria. No mira a nadie a la cara, empieza a balancear las piernas, hace desaparecer la pelota e inventa algo. No siempre le va muy bien, pero el coraje le permite no darse por vencido, intentarlo de nuevo y, finalmente, triunfar. Con una sonrisa, al ritmo de la samba, como si tuvieras la arena de una playa de Copacabana bajo tus pies. Es un niño feliz que se divierte mucho. Y los aficionados y compañeros se divierten a su alrededor en un carnaval brasileño que combina a la perfección con el aire festivo típicamente napolitano.