Roma, 5 de mayo. (Adnkronos Health) – “No debemos mirar sólo las necesidades de salud, sino también el bienestar general de la persona. Un concepto central hoy en día en los sistemas sanitarios más avanzados y también un legado de la Organización Mundial de la Salud: no basta con tratar las enfermedades, hay que garantizar que las personas estén bien. Para los niños, esto significa crecer en las mejores condiciones posibles, empezando por la prevención. Una prevención que se basa sobre todo en el estilo de vida. Así, en Adnkronos Salute Alberto Villani, jefe del complejo operativo unidad de Pediatría General, Enfermedades Infecciosas y Diosa del hospital pediátrico Bambino Gesù, habló en la Jornada Nacional de Pediatría promovida por primera vez por la Sociedad Italiana de Pediatría (Sip) del Ministerio de Salud.
“Una buena alimentación – como la dieta mediterránea -, la actividad física y un ambiente tranquilo y positivo, tanto en la familia como en la escuela, son fundamentales”, explica Villani, para quien “la ampliación de la asistencia pediátrica hasta los 18 años sería muy positiva, tanto en la región como en el hospital. En particular, para los niños con enfermedades crónicas, que a menudo tienen dificultades para encontrar continuidad en la asistencia cuando pasan a la medicina de adultos: muchas patologías son poco conocidas incluso por los médicos adultos”. Por eso, subraya, “sería útil desarrollar una verdadera ‘medicina de la edad del desarrollo’, que en realidad se extendería también más allá de los 18 años. Sin embargo, aún está por definir cómo organizarla y quién debe cuidarla”.
Un punto crítico es la adolescencia: “hoy en día, en la región, la atención pediátrica generalmente termina a los 14 años – subraya Villani – y muchos niños tienen dificultades para acudir a un nuevo médico. Prolongar la relación con el pediatra podría garantizar la continuidad precisamente en una fase delicada de la vida”. De cara al futuro, “el pediatra necesitará tener competencias cada vez más amplias. Además de la formación tradicional, será importante conocer las nuevas fronteras de la genética, las aplicaciones de la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes”. Pero no sólo eso: “también debe ser un experto comunicador. Es decir, no sólo un médico, sino una figura capaz de acompañar el crecimiento del niño y predecir y orientar su salud futura”, concluye.