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Las cámaras de 4 di Sera, programa de fondo emitido en Rete 4, acudieron al barrio romano de Tor Pignattara para recoger los rumores en la comunidad islámica sobre el atentado ocurrido ayer en Milán, donde un argelino cortó el rostro de una mujer culpable de mirarlo. “Soy un hombre y musulmán”, habría declarado antes de asestar el golpe. ¿Un caso aislado?

“No debemos mirar – dijo el primero de los entrevistados – Los hombres no deben ver a las mujeres y las mujeres tampoco deben ver a los musulmanes”. Cuando el periodista le señala que “no pasa nada”, él responde: “Si miras una vez está bien, si la segunda vez, miras otra vez, está mal”. Otro llega a decir que “las mujeres llevan dentro la maldición”.

Parece que, explica el corresponsal, fue la joven la que cometió el error. Y, de hecho, no hay ni la más mínima sombra de condena absoluta. “Soy un hombre que se queda ahí y me bloquea, que se queda ahí y me mira hacer algo – dijo otro – No me siento bien que te quedes ahí mirándome”. Ser hombre es un concepto recurrente, casi como si delatara una superioridad sobre el género femenino que, en cierto modo, justificaría la gravedad de lo ocurrido en Milán. “Pero hasta el punto de marcarlo…” continúa el periodista. Sólo entonces la persona cede levemente: “No, eso no es cierto. »

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