Si ves el calentamiento de Désiré Doué, ya te sorprenderás. Para él, todo empieza con algunos malabarismos, movimientos de piernas y breves aceleraciones con el balón entre los pies. Desde hace varios años, el parisino sigue la misma rutina. Es su cámara de descompresión, el momento en el que se mete en su burbuja, encuentra la concentración adecuada manteniendo el placer del juego que nunca le ha abandonado.
De niño creció viendo las hazañas de Neymar, fascinado por su libertad y actitud desenfadada con el balón. Al igual que su ídolo, parece capaz de ignorarlo todo cuando aumentan las apuestas. Cuanto más se acercan las cimas, más irrespirable se vuelve el aire, más parece Doué habitado por ese algo extra que distingue a los mejores.