El ácido subía, sin piedad, con ardor y dolor en el pecho. El bolo alimenticio que casi tiene dificultad para bajar por el esófago. Tragar se convierte en un desafío. Para quienes padecen estos problemas, el error más grave es subestimarlos, quizás pensando en el estrés o en la mala alimentación, dependiendo durante semanas de medicamentos que combaten el reflujo ácido. En ocasiones, detrás de esta condición que hace referencia a trastornos digestivos más o menos intensos, puede haber una condición considerada rara pero que no lo es tanto. Se llama esofagitis eosinofílica: su origen no está relacionado con la dieta, a menos que se padezca una alergia que pueda favorecer la enfermedad, ni con factores mecánicos que afectan al largo tubo elástico que baja desde la parte posterior de la boca hasta el estómago. Estamos ante una enfermedad crónica ligada al sistema inmunológico, caracterizada por la presencia en la biopsia de una infiltración de determinados glóbulos blancos, concretamente los eosinófilos, que de alguna manera se infiltran en la mucosa esofágica, manteniendo una fuerte inflamación y generando signos y síntomas. Desafortunadamente, aunque este fenómeno no es común, a veces no se tiene en cuenta esta posibilidad. El resultado es que el diagnóstico se produce años después de la aparición del malestar, con evidentes repercusiones en la eficacia de las intervenciones.
Un diagnóstico complejo
La esofagitis eosinofílica forma parte de una serie de enfermedades caracterizadas por una inflamación crónica: si no se trata adecuadamente, conduce inevitablemente a una remodelación fibrosa de los tejidos, con pérdida de elasticidad del esófago. Lamentablemente no es fácil identificar la pintura si no se sospecha de ella. Así lo recordó recientemente Nicola de Bortoli, director de la Escuela de Especialización en Enfermedades del Aparato Digestivo de la Universidad de Pisa. “A pesar de los avances sanitarios basados en la disponibilidad de endoscopias con biopsia, la principal necesidad insatisfecha sigue siendo el retraso diagnóstico, que a menudo varía entre 3 y 10 años – comenta. Este retraso se debe a la naturaleza inespecífica de los síntomas (que pueden confundirse con reflujo o dispepsia) y a la falta de conciencia clínica. Otro obstáculo crítico es la falta de biomarcadores no invasivos: actualmente, el diagnóstico y el seguimiento requieren múltiples biopsias endoscópicas. »
Lo cierto es que la esofagitis eosinofílica va en aumento. Un estudio publicado recientemente en Alimentary Pharmacology & Therapeutics informa que la enfermedad afecta al menos a 34 niños y 42,2 adultos por cada 100.000 habitantes. Pero las cifras probablemente estén redondeadas. Sobre todo, estamos viendo un crecimiento continuo de casos. Un estudio multicéntrico italiano, presentado en el reciente congreso de la Asociación de Alergólogos, Inmunólogos Territoriales y Hospitalarios Italianos (Aaito), celebrado en Bari, y realizado en 295 pacientes adultos seguidos en 7 centros de alergia, confirma el aumento de los casos detectados y, sobre todo, de cuántos pacientes llegan al diagnóstico después de años de síntomas. “El aumento de los diagnósticos es una señal importante, porque nos dice que la patología está más investigada y reconocida – explica Alessandro Farsi, alergólogo e inmunólogo, director de la estructura de alergología e inmunología del Hospital Santo Stefano de Prato”.
La relación con las alergias
Como señalan los especialistas, la esofagitis eosinofílica suele formar parte de un cuadro alérgico más amplio: muchos pacientes también conviven con asma, rinitis alérgica, dermatitis atópica o alergias alimentarias. El vínculo entre estas afecciones es algo llamado inflamación tipo 2, una respuesta inmune común a muchas enfermedades alérgicas. Es por ello que es necesario localizar la situación mucho más allá del esófago. “La esofagitis eosinofílica no es simplemente una inflamación local – subraya Farsi -. Es una enfermedad que resulta de la interacción entre el medio ambiente, la barrera epitelial y el sistema inmunológico. Por eso necesitamos una perspectiva más amplia, capaz de reconocer no sólo el síntoma esofágico, sino también el contexto alergológico e inmunológico del paciente. » Ante esta complejidad, muchos pacientes aprenden a vivir con trastornos digestivos cambiando su forma de comer, evitando ciertos alimentos o atribuyendo los síntomas al reflujo. síntomas esofágicos.
Manifestaciones clínicas e investigaciones futuras.
Las manifestaciones varían según el segmento afectado: en los adultos predomina la disfagia y el impacto de la ingesta de alimentos, mientras que en los niños se observa desperdicio de alimentos y retraso en el crecimiento. “Es necesario prestar especial atención a posibles comportamientos adaptativos, es decir, beber mucho durante las comidas, evitar situaciones sociales o alimentos, recortar mucho la comida, para evitar percibir el síntoma de disfagia y, por tanto, adaptarse al estado de malestar”, subraya de Bortoli. En el futuro, los tratamientos disponibles serán cada vez más personalizados en función de los subtipos de enfermedades definidos por sus mecanismos moleculares o fisiopatológicos subyacentes. Pero eso no es suficiente. El objetivo es desarrollar métodos de monitorización potencialmente menos invasivos, como la “prueba del hilo” o la esponja esofágica. “Podrían eliminar la necesidad de repetir las endoscopias, aunque por el momento todavía no son recomendables en la práctica clínica – concluye de Bortoli -. En los últimos años, la investigación científica y farmacológica nos ha proporcionado armas cada vez más adecuadas y, en un futuro próximo, esperamos también herramientas de diagnóstico menos restrictivas para el paciente. No es sólo una esperanza clínica, sino una necesidad para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con estas patologías crónicas y recurrentes. »