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Un ecosistema antiguo, rico y particularmente diverso, de casi 700.000 años de antigüedad, ha sido reconstruido por los científicos gracias a una fuente inesperada: el ADN conservado en excrementos fosilizados. Este descubrimiento ofrece una visión única de la vida en las regiones árticas durante la Edad del Hielo, donde coexistían mamuts lanudos, bisontes, caballos y grandes depredadores.

En el centro de esta investigación se encuentran las ardillas terrestres del Ártico, pequeños roedores de unos 40 centímetros de largo, que todavía viven hoy en América del Norte y Siberia. Estos territorios alguna vez formaron una región vasta y continua llamada Beringia, que conectaba los dos continentes a través de un puente terrestre ahora desaparecido.

Estos animales, también llamados roedores (porque aman las semillas, semen en griego) juegan un papel clave en este descubrimiento debido a su forma de vida. Estos pequeños afortunados hibernan durante unos ocho meses al año y pasan el resto del tiempo almacenando comida en sus madrigueras. Este comportamiento los transforma en verdaderos archiveros naturales, sus refugios contienen reservas de alimentos y numerosos excrementos.

Un artículo de New Scientist explica que los investigadores estaban interesados ​​en estos excrementos fosilizados, llamados coprolitos, encontrados en trece madrigueras congeladas en el Yukón, Canadá. Conservados en permafrost, estos restos se remontan a un período de hace entre 30.000 y 700.000 años. A pesar de su pequeño tamaño –apenas uno o dos centímetros– contienen una cantidad considerable de información genética.

Excremento cargado de ADN

El análisis de este ADN reveló una biodiversidad impresionante. Los científicos han identificado microorganismos, más de 200 grupos de plantas y numerosos animales: insectos, roedores, lobos grises, bisontes esteparios, caballos, mamuts lanudos e incluso un gran felino, probablemente un guepardo o un puma americano.

Al contrario de la imagen que se pueda tener de ellas, estas ardillas no son estrictamente herbívoras, su dieta es omnívora. Consumen semillas, pero algunos informes sugieren un comportamiento carroñero, lo que explicaría la presencia de ADN de especies grandes en sus excrementos.

Utilizando estos datos, los investigadores pudieron reconstruir diferentes genomas mitocondriales de animales que vivieron en diferentes épocas. Incluyen ardillas terrestres con un linaje que se remonta a 700.000 años, así como caballos, bisontes y una liebre. Los fragmentos de ADN también han permitido reconstruir varios genomas de mamut, cuyo estudio detallado se publicará más adelante.

Este descubrimiento resalta la riqueza ecológica pasada del Yukón y la importancia del permafrost como archivo natural. Sin embargo, esto plantea algunas preguntas: sigue siendo difícil determinar si el ADN encontrado proviene directamente del consumo de sus animales por parte de las ardillas o si se infiltró desde el medio ambiente.



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