Las últimas reformas de las pensiones, debido al descenso demográfico y al bajo crecimiento, tienen el resultado tangible de una caída de los ingresos de los nuevos jubilados: los que se jubilaron en 2025 recibieron un cheque mucho menor que los que ya estaban allí. Por ejemplo, un empleado que dejó su trabajo el año pasado recibe de media 1.289,5 euros al mes, frente a los 1.537,5 euros de media de las pensiones que ya se pagan en el mismo sentido. Esto es 248 euros menos, o alrededor del 16 por ciento. Para los autónomos la brecha es de 116,8 euros (961,2 frente a 1.078), para los empleados públicos es de 76,3 euros (2.246,9 frente a 2.323,2).
Los datos surgen del informe social del INPS 2025. Y no es una oscilación aislada: estamos hablando explícitamente de una brecha “que aumenta con los años” entre los montos de las pensiones actuales y las recién pagadas, lo que demuestra, escribe, una “disminución tendencial y preocupante en el valor promedio de las pensiones”. Los motivos no están vinculados a una maniobra o a un corte. Sino más bien en la forma de calcular la asignación que integra los efectos de la transición al sistema contributivo que este año celebra sus primeros 30 años. Desde 1996, la reforma Dini vincula la jubilación a las cotizaciones efectivamente pagadas y reevaluadas. Este es un sistema actuarialmente más justo, pero penaliza, por ejemplo, a quienes han tenido carreras discontinuas, algo muy común entre quienes ingresaron al mercado laboral en el nuevo siglo. En la fotografía actual esto queda claro, porque el peso de la modalidad contributiva aumenta de año en año a medida que se van los trabajadores beneficiarios de las cuotas de antigüedad acumuladas a partir de 1996. Y esta es también la raíz de la brecha de género: en promedio, las mujeres reciben un 45% menos de pensión de vejez que los hombres, debido a salarios más bajos, interrupciones profesionales y menos monto acumulado.
Y podemos decir que estamos sólo en el principio. La tendencia durará décadas. Esto nos lo dice lo que llamamos “tasa de reemplazo”: la relación entre el primer cheque de pensión y el último salario recibido. Según estimaciones de la Contaduría General del Estado, para un empleado del sector privado que haya cotizado durante 38 años, la tasa de reemplazo bruta aumenta de 73,6 por ciento en 2010 a 58,4 por ciento en 2070; eso después de impuestos del 82,7 al 64,1 por ciento. Es decir, si los que se jubilaron en 2010 con un sueldo de 100 euros tenían un cheque de 82,7 euros, los que se jubilen en 2070 sólo recibirán 64,1 euros, un 28% menos.
El marco regulatorio actual apoya la tendencia: por el lado del monto, ninguna palanca invierte la dirección del monto contributivo. Mientras que la edad de jubilación aumentará porque está vinculada a la esperanza de vida.
Según las estimaciones, la única herramienta para compensar este déficit es la pensión complementaria. Para cerrar la brecha de cotización, son necesarios pagos a los fondos de pensiones, que se benefician de ciertas exenciones fiscales. Pero los italianos todavía los utilizan poco.