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El barril supera los 100 dólares y los precios en el surtidor siguen altos. Detrás de la guerra de desgaste ya se están sintiendo las consecuencias sobre la inflación, el poder adquisitivo y el transporte aéreo.

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A finales de abril, los precios en el surtidor no bajaron. Se mantienen cerca de los 2 euros para la gasolina y superan los 2,20 euros para el diésel. (ERIC CABANIS/AFP)

La situación en Oriente Medio se está estancando. El bloqueo estadounidense responde al bloqueo iraní y el viernes 24 de abril parece que nos encaminamos hacia una guerra de desgaste. Consecuencia inmediata: el barril se sitúa por encima de los 100 dólares. Los precios en el surtidor no están bajando. Se mantienen cerca de los 2 euros para la gasolina y superan los 2,20 euros para el diésel. En este contexto, es difícil ver una tregua en las gasolineras.

Según el especialista en energía Thierry Bros, “Perdimos el equivalente a un millón de barriles por día en un año”. es decir, 365 millones de barriles menos desde el inicio del conflicto. A este ritmo, el precio del petróleo podría ser aún más alto en mayo. Los efectos sobre la inflación ya se ven: un punto más en apenas un mes, hasta alcanzar el 1,7%, con el petróleo como principal culpable. El economista Christian Parisot nos asegura: “Inevitablemente habrá un impacto en el poder adquisitivo, porque el impacto es demasiado violento; cuanto más dure, más violento será el impacto”.

Las consecuencias concretas ya se están manifestando en el transporte aéreo, con la inminente escasez de queroseno. Las empresas aumentan los precios una tras otra: Air France-KLM y United Airlines ya lo han anunciado, Ryanair y EasyJet quieren seguirlo. Un especialista del sector pone un ejemplo: un billete a Chipre en mayo costaba menos de 300 euros en una compañía aérea de bajo coste. El vuelo, considerado no suficientemente rentable, fue cancelado. Resultado: un billete nuevo con una compañía tradicional se factura, esta vez, 1.500 euros, o cinco veces más.

Este es el costo de nuestra adicción. El queroseno no se produce en Europa, que normalmente importa la mitad de Oriente Medio. Con las dificultades actuales, los precios están subiendo: la tonelada ha pasado de 750 dólares antes del conflicto a 1.900 hoy. Ante estos niveles, algunas ya no podrán volar y las empresas, al volverse menos rentables, podrían quedarse en tierra o incluso quebrar. El jefe de Ryanair dice: “Si el petróleo se mantiene en estos niveles, dos o tres aerolíneas europeas podrían quebrar este otoño”. Una perspectiva que puede hacer sonreír a algunos operadores del sector, hasta el momento en que ni siquiera los clientes podrán pagar.



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