Planes para mega constelacionesLa exageración de los satélites podría inutilizar los costosos telescopios espaciales
Ya hay miles de satélites orbitando la Tierra y pronto podrían ser más de medio millón. Constituyen un peligro para las observaciones astronómicas, no sólo por su simple presencia, sino sobre todo por otro efecto.
Las grandes constelaciones de satélites podrían inutilizar muchos costosos telescopios espaciales en unos pocos años. Los científicos predicen que dentro de diez años habrá medio millón de satélites en la órbita terrestre; hasta el 96 por ciento de las imágenes tomadas por algunos telescopios espaciales podrían estar influenciadas por la radiación solar reflejada en los satélites, informa un equipo de investigación en la revista “Nature”.
Actualmente hay más de 10.000 satélites activos en órbita. Además, hay decenas de miles de objetos inactivos, como satélites muertos, etapas de cohetes quemadas y escombros más grandes resultantes de colisiones en el espacio. Todos estos objetos interfieren con las observaciones astronómicas desde la Tierra. Pero incluso los telescopios espaciales más caros sufren cada vez más problemas debido al creciente número de satélites, explican Alejandro Borlaff, Pamela Marcum y Steve Howell del Centro de Investigación Ames de la NASA.
Planificar constelaciones gigantes
Se espera que el número de satélites Starlink, con los que el jefe de SpaceX, Elon Musk, quiere crear un acceso global a Internet, aumente hasta unos 30.000. China quiere lanzar varias megaconstelaciones – “Qianfan”, “GW” y “Honghu-3” – y se espera que alrededor de 15.000 satélites estén en órbita hasta 2030. Y si se cumplen todas las solicitudes presentadas al regulador de comunicaciones estadounidense FCC y a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), Borlaff, Marcum y Howell estiman que podrían haber 560.000 satélites orbitando la Tierra en diez años.
La radiación solar reflejada por los satélites hace que los objetos artificiales brillen con tanta intensidad que a menudo son visibles en el cielo incluso a simple vista. Los satélites dejan perturbadores rastros de luz en las imágenes de larga exposición tomadas por grandes telescopios. Los astrónomos ya están intentando minimizar tales perturbaciones basándose en órbitas conocidas, pero cuantos más satélites haya, más difícil será implementar tales medidas. ¿Son las observaciones desde el espacio la solución?
Lamentablemente no, según los tres científicos. “Contrariamente a la creencia popular, las trayectorias de los satélites afectan no sólo a los observatorios de la Tierra, sino también a los observatorios espaciales como el Hubble”, escriben Borlaff, Marcum y Howell. El equipo simuló cómo afectará la expansión de las constelaciones de satélites a los telescopios espaciales actuales y futuros. Además del “Hubble”, los investigadores tuvieron en cuenta el instrumento de la NASA “SphereX”, lanzado este año, el telescopio espacial chino “Xuntian”, previsto para 2026, y el observatorio satelital europeo “Arrakihs”.
Perspectivas que invitan a la reflexión
Los resultados son decepcionantes: en diez años, alrededor de un tercio de las imágenes tomadas por el Hubble podrían estar influenciadas por satélites, y hasta el 96% de los tres telescopios más nuevos, debido a su campo de visión más amplio. Y no hay solución a la vista.
En teoría, según los investigadores, los nuevos satélites sólo podrían orbitar bajo telescopios espaciales en órbitas bajas. Pero es poco probable que esto sea bien recibido por los operadores, ya que reduce significativamente la vida útil de los satélites. La fricción de la delgada atmósfera exterior de la Tierra hace que los satélites caigan más rápidamente. Según los científicos, también existe un riesgo medioambiental: cuando los satélites se queman, liberan nanopartículas a la estratosfera que podrían dañar la capa de ozono.
Entonces un buen consejo es caro. La única salida a largo plazo es colocar los telescopios espaciales a mayor distancia de la Tierra, como en el caso del “Telescopio Espacial James Webb”. Este instrumento se encuentra a una distancia de 1,5 millones de kilómetros en el borde de la Tierra. Los satélites en órbitas bajas no causan problemas allí, pero esa ubicación encarece los telescopios espaciales y hace que su mantenimiento sea más difícil.