Hoy en día conocemos al menos 6.000 planetas extrasolares, estos son aquellos que giran alrededor de una estrella distinta a nuestro Sol. De momento sólo podemos encontrar aquellos que sean lo suficientemente grandes y cercanos a nosotros, debido a las limitaciones de nuestros medios de investigación en este momento, aunque sean muy perfectos y eficientes.
Los hay de todo tipo, grandes y gaseosos como nuestro gran Júpiter o, en cantidades mucho menores, pequeños y rocosos como nuestra Tierra o Venus, Sin embargo, hasta ahora nunca ha habido evidencia de un planeta rocoso, como el nuestro, con atmósfera a su alrededor..
Gracias al potente telescopio James Webb de la NASA, ahora tenemos pruebas. El mundo extraterrestre del que hablamos estos días, desde que se publicó en la prestigiosa revista Astrophysical Journal una importante investigación realizada por un grupo internacional de astrofísicos: se llama TOI-561 b, nombre técnico que identifica a la estrella madre y también a uno de los tres planetas que giran a su alrededor, y habría una atmósfera, aunque muy particular.
Ojo, no es fácil encontrar un exoplaneta y menos entender si tiene atmósfera. Pongamos un ejemplo nuestro: la Tierra tiene un diámetro de unos 13.000 kilómetros, un poco menos, y una atmósfera de, digamos, 100 kilómetros de espesor, aunque la que podemos respirar es de menos de una décima parte.
Si mentalmente reducimos la Tierra al tamaño de una sandía redonda, la atmósfera será mucho más delgada que una delgada lámina de plástico, del tipo que usamos para mantener los alimentos frescos en el refrigerador. Este ejemplo nos muestra lo difícil que es, a miles de millones de kilómetros de distancia, entender si hay atmósfera o no, y al mismo tiempo también lo delicada que es la atmósfera terrestre, que nos permite vivir respirando.