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El miércoles 3 de diciembre, la marca francesa Brandt, en quiebra, jugaba ante los tribunales por su supervivencia. Finalmente, la decisión se pospuso hasta el 11 de diciembre. El caso Brandt plantea una pregunta: con la competencia china, ¿es todavía posible producir electrodomésticos en Francia?
Este texto corresponde a parte de la transcripción del informe anterior. Haz clic en el vídeo para verlo completo.
En el apartado de electrodomésticos, a menudo se esconde el mismo país detrás de freidoras, robots y cafeteras. Producir electrodomésticos en Francia representa un desafío para todo el sector ante la competencia del mercado asiático. Sin embargo, muchos clientes buscan la bandera azul, blanca y roja. “Prefiero tener menos cosas y mejores cualidades, y el francés“, confiesa un cliente.”Ya estoy buscando francés, por la calidad, claro, aunque sea un poco más caro, pero al menos hacemos que el país funcione.“, asume otro.
Así, varios productores franceses permanecen en las estanterías. Entre ellas, la empresa de la familia Lagrange. Es en Vourles, en el Ródano, donde sus 50 empleados fabrican sus gofreras, sus máquinas de fondue y raclette, con un 60% de materiales franceses. “Lo que se produce en Francia son principalmente componentes de plástico.“, afirma Matthieu Lagrange, director general de la empresa Lagrange.
Hace cuatro años también repatriaron la producción de crepería de Portugal. Pero de las 190.000 piezas producidas cada año, según Matthieu Lagrange, es imposible producirlo todo en Francia: “Este equipo se fabrica en Asia. Está fabricado en aluminio fundido a presión con revestimiento antiadherente. Producir hoy en Francia el equivalente de esta pieza sería demasiado caro. Estaremos operando a un precio 10 o 15 veces superior, lo que significaría que no podríamos comercializarlo a un precio aceptable para el consumidor.“
Para él, es en los dispositivos de gama alta donde el Made in France resulta rentable. Una postura que comparte el inventor de un lavavajillas aún en fase de prototipo, Martin Hacpille. Vendido por 850 euros, más caro que la media, pero diseñado para durar 20 años, el doble que la competencia, con la promesa de hacerlo 100% reparable: “Al igual que los juguetes de ladrillos para niños, Lego, en unos minutos puedes desmontar las piezas y repararlas tú mismo.“
El dispositivo y sus componentes, 80% italianos, serían fabricados en Bretaña por una empresa de Ploërmel (Morbihan), hasta entonces dedicada a la industria del automóvil. Una ventaja para el jefe. “Dadas las dificultades del sector de la automoción, en un contexto económico en el que los volúmenes han disminuido, seguramente estaremos económicamente seguros y, además de estabilizar el empleo, también podremos contratar en 2029-2030.“, asegura Patrice Rouxel, director de la fábrica de productos de automoción de Ploërmel (Morbihan). Las primeras unidades podrían llegar a las tiendas en 2026.