ROMA (ITALPRESS) – La transformación digital no es una cuestión de futuro. Se trata de aferrarse al presente. En el undécimo episodio de “Power Talks, el poder de la comunicación”, formato editorial nacido de la colaboración entre Italpress y Philia Associates, Andrea Ruggieri entrevista a Laura Di Raimondo, directora general de Asstel, la asociación que, dentro del sistema Confindustria, representa el sector de las telecomunicaciones y de las infraestructuras digitales en Italia. Una discusión sobre uno de los temas más estratégicos de la actualidad: la soberanía digital. Porque conectividad ya no significa sólo tener Internet rápido, sino también seguridad, competitividad y control de los datos. En este contexto, el sector de las telecomunicaciones se describe como una verdadera “cadena de suministro estratégica” para el país. “El sector digital y de las telecomunicaciones representa una cadena de suministro muy compleja que garantiza, en la actualidad, conectividad e infraestructuras que, a su vez, garantizan la seguridad del sistema del país – explica Di Raimondo -. Recordemos que sin la nube no hay inteligencia artificial, y sin infraestructuras de calidad, sólidas y resilientes, la transformación digital del país no existe. Las cifras y el impacto económico muestran el tamaño del sector: más de 60 millones de teléfonos móviles conectados, alrededor de 50 millones de objetos digitales activos y una función ahora extendida a diario seguridad, desde la vivienda hasta los servicios esenciales: “Este sistema industrial ya no es un servicio banal o privado, sino que al mismo tiempo garantiza la seguridad nacional, la ciberseguridad, la soberanía digital y los niveles de competitividad y productividad del sistema nacional”, subraya. Un compromiso que, sin embargo, se topa con una paradoja económica: “Las empresas están “Aún no somos plenamente conscientes del sentido de urgencia necesario para garantizar la seguridad del país”, observa. Entre las prioridades indicadas por Di Raimondo, urgencia de tomar una decisión “con una visión industrial sobre la asignación, sobre la asignación de frecuencias. Es un país que lanzó hace unos años una licitación para 5G que costó más de 7.000 millones, un valor altísimo que pesa más que financieramente y, por tanto, ha frenado claramente la capacidad inversora. Entre los principales nodos indicados, también se encuentra el de la energía. La evolución de la tecnología digital, y en particular de la inteligencia artificial, exige un replanteamiento de las normativas y de las infraestructuras: “La inteligencia artificial consume energía, como las nubes: si cortas la energía, cortas el acceso a los datos”. En este escenario, la innovación tecnológica está inevitablemente ligada “a la aceleración del capital humano: las personas están en el centro de la transformación industrial”, afirma Di Raimondo, subrayando que la velocidad del cambio requiere una adaptación continua de las habilidades. El crecimiento de las plataformas y las tecnologías ha sido exponencial: “Se necesitaron 75 años para construir 100 millones de accesos fijos, 7 años para Facebook, 2 años para TikTok, 6 meses para ChatGPT. El tiempo es un factor, un elemento casi industrial en esta transformación. Esto también se aplica a las habilidades”. Para gobernar esta revolución, “el desafío comienza hoy. Por lo tanto, hemos trazado las competencias estratégicas del futuro porque hoy debemos trabajar en dos grandes áreas de acción: una sobre la orientación, la otra sobre la formación en términos de desarrollo y recualificación: “La vida profesional se alarga y las transiciones profesionales aumentan – explica -. Mañana trabajaremos con agentes de inteligencia artificial, ya no escenarios de ciencia ficción sino una realidad ya presente”. Se está consolidando una conciencia que está surgiendo, pero “los tiempos de travesía son demasiado largos y la velocidad con la que se está implementando el pensamiento y la implementación digital y la transformación que debemos gobernar no son las a las que estábamos históricamente acostumbrados”. A nivel político e institucional, la exigencia es clara: acelerar. “Encerrarnos en una habitación, definir 4 o 5 intervenciones y hacer de 2026 el año de un punto de inflexión para el crecimiento digital del país”, concluye.

–Foto Italpress –
(ITALPRENSA).

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