Los ingresos por las entradas del concierto de Ultimo ascenderían a unos 16 millones de euros. Una cifra establecida a partir de un precio medio del billete calculado en torno a los 65 euros (variaba entre 49 y 99 euros, con costes intermedios en función de los distintos sectores). Pero quien piense que los beneficios millonarios acabaron directamente en los bolsillos del artista y de los organizadores se equivoca gravemente. Porque los costes de montaje y organización del concierto discográfico alcanzaron una cifra cercana a la cantidad recibida.
Costos
La construcción de las estructuras escénicas de 140 metros de largo y 60 metros de alto, las 38 torres de audio y vídeo, las múltiples pantallas gigantes, los más de 40 kilómetros de barreras, el cableado, la rehabilitación de la zona (incluido el de los aparcamientos) antes y después del concierto, el pago del alquiler del aparcamiento, el coste de la ocupación de terrenos públicos, el coste de mantener abierto el metro incluso de noche (ayer, el concejal Alessandro Onorato declaró que el Ayuntamiento recaudó “más de 650.000 euros por servicios públicos prestados y pagados por los organizadores”), el servicio de seguridad con más de 2.500 efectivos sólo para el control, los baños químicos (más de 2.000), los 20 tanques de agua con 560 grifos para llenar botellas y botellas de agua, por nombrar sólo algunos elementos de los costes, llevaron a los organizadores a reinvertir la mayor parte de los ingresos por entradas. Y los honorarios del artista también estarían en consonancia con el evento récord (estamos hablando de alrededor de un millón de euros), pero no es de extrañar, según fuentes bien informadas.
Lo cierto es que el evento generó 90 millones de euros en actividades relacionadas y, según Onorato, esta cifra incluye más de 2 millones de euros en impuestos turísticos generados por más de 156.000 personas procedentes de fuera de Roma y que entran en las arcas del municipio. Lo que de hecho pretende hacer de la zona de Tor Vergata un lugar permanente para eventos de gran envergadura. Llegados a este punto, sólo surge una pregunta: ¿quién sucederá al Papa y a Ultimo?