En el sitio web del Eurogrupo para los Animales, una plataforma de asociaciones europeas que defienden el bienestar animal, un contador muestra los días de retraso (924, 925, 926…) de la revisión de las normas pertinentes que la Comisión Europea se había comprometido a presentar antes de finales de 2023. Un vasto proyecto legislativo, prometido inicialmente en 2019, cuando se presentó la estrategia “De la granja a la mesa”. Esto incluiría una prohibición progresiva de los sistemas de cría en jaulas y otras medidas estructurantes sobre las condiciones de cría, transporte, sacrificio y etiquetado para los consumidores.
Pero este big bang normativo, que debería actualizar una legislación que tiene más de un cuarto de siglo y que ya no se ajusta a los conocimientos científicos sobre las necesidades de los animales y a las expectativas de la sociedad, parece realmente estancada. La Comisión Europea sólo ha presentado una propuesta sobre transporte, que está paralizada tanto a nivel de los Estados miembros como en el Parlamento Europeo, donde los ponentes de las comisiones de Medio Ambiente y Agricultura no consiguen llegar a un acuerdo. Lo que es peor, algunas decisiones europeas, como la desclasificación del lobo, que pasó del estatus de especie estrictamente protegida a la de especie protegida en mayo de 2025, suponen un paso atrás para la protección animal.
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